FF.AA.: ENTRE NEGOCIOS Y GEOESTRATEGIAS

Parte II

 Global Prompt Strike, la estrategia del Pentágono para romper el Equilibrio Nuclear  

 Por Marcelo Ramírez

Las tríadas nucleares

Un aspecto clave a considerar para evaluar las opciones militares disponibles de EE.UU. en el caso de un enfrentamiento directo a gran escala con China y/o Rusia, es su sistema estratégico nuclear. El mismo está basado en tres grupos, los misiles de largo alcance con base en tierra, los que están transportados en submarinos y los que se montan en los bombarderos de largo alcance.

La columna vertebral del sistema terrestre es el misil Minuteman III, puesto en servicio a principios de la década del 90 con unas 450 unidades. El Minuteman desarrollado por la Boeing porta 3 cabezas nucleares de 350 kilotones. Pero no obstante su terrible poder, su puesta en servicio está llegando al medio siglo y pese a las mejoras que se le han realizado, su base es anticuada comparada con sus rivales rusos. La FF.AA. estimó que el desarrollo de un proyecto que reemplace al Minutemann ronda los 62.000 millones de dólares para desarrollar 400 unidades con sus sistemas correspondientes de infraestructura y control, contrato que se disputan las compañías Lockheed Martin Corp, Boeing Co y Northrop Grumman Corp.

EE.UU. lleva más de 30 años sin invertir en este tipo de tecnología. El atraso es de tal magnitud que se filtró a la prensa que los sistemas de misiles aún utilizan para su funcionamiento diskettes de 8 pulgadas, discos flexibles que hace mucho tiempo han dejado de fabricarse. Confiar en equipos tan antiguos presenta varios problemas como los costos de mantenimiento que son más altos, las posibilidades de fallas de todo tipo y la falta de componentes claves porque se dejan de fabricar y deben ser reemplazados.

La otra columna del sistema estratégico es la presencia de los misiles y bombas embarcadas. Uno de los puntales de este sistema son los bombarderos B-52 Stratofortress que comenzaron a fabricarse en 1955 y que se planificó su substitución por los B2 Spirit de características furtivas fabricados por la  Northrop Grumman. Pero una vez más el altísimo costo unitario que supera los 700 millones de dólares a valores de 1997, con un costo estimado de hora de vuelo en 165 mil dólares, ha hecho que se rebajen las pretensiones de contar con un centenar de estos aparatos de diseño de ala volante, a la más modesta suma de 21 aparatos construidos, de los cuales uno sufrió un siniestro, quedando operativos apenas 20.

-52 Stratofortress    B2-Spirit

El tercer componente de la fuerza aérea estratégica es el Rockwell B-1 Lancer, pero sólo se utiliza por el momento para armamento convencional. El resto de las nukes del componente aéreo de las Fuerzas estadounidenses son bombas de gravedad operadas desde los F-15s, F-16s y F-35s, de los cuales ya hemos visto la antigüedad de los dos primeros y los problemas del F-35.

La última pata de la tríada nuclear la constituyen los 18 submarinos clase Ohio, 14 de los cuales están armados con 24 misiles Trident II cada uno y cuatro con Tomahawk que en caso de necesidad pueden portar cabezas nucleares. Los Ohio son submarinos pesados que fueron puestos en servicio de los 70 en adelante y que en algún momento se pensó en reemplazar por un nuevo desarrollo, el SSBN (X) que recién estará disponible para el 2030, pero por el momento sólo se han limitado a un proceso de modernización a un costo de 450 millones la unidad.

Rusia ha apostado sus recursos a tener un proyecto estratégico moderno y potente, superando a EE.UU. en casi todas las variantes analizadas como cantidad de cabezas nucleares, potencia total, transporte y actualización. Los ocho submarinos Borei llevan 16 misiles balísticos Bulavá con  alcance de 8.000 kilómetros, donde cada misil transporta entre 6 y 10 ojivas hipersónicas independientes de alta maniobrabilidad con potencias variables de entre 100 y 150 kilotones cada una.

A estos se le suma que los submarinos nucleares pertenecen a la cuarta generación de clase Yasen, proyecto 855,  de los cuales ya está en servicio el K-560 Severodvinsk y tres más están en proceso de construcción. La importancia de este tipo de máquinas es que los Yasen, más allá de sus impresionantes cualidades técnicas en lo referente al sigilo y detección de enemigos, pueden portar cualquiera de los misiles crucero que posee la marina rusa.

Entre los misiles pesados con que cuenta Rusia, en primer lugar se encuentra el RS-26 Rubezh también conocido como Yars-M. Las capacidades del Rubezh son superiores a sus análogos occidentales, pudiendo portar tres ojivas nucleares MARV (Maneuverable Re-entry, vehículos de reentrada múltiples y remaniobrables) con una potencia de 150 kilotones.

En base a datos sobre el misil balístico intercontinental ruso RS-12M2 Topol-M, según asegura la publicación especializada Jane’s Weapons: Strategic 2012-2013, es que se ha construido el RS-24 Yars.

Los MARV con ojivas nucleares del misil RS-26 Rubezh, con un alcance intermedio de 7.500 km, podrían soportar una explosión nuclear a una distancia de hasta 500 metros sin ser destruidos y pueden ser reprogramables en vuelo, haciendo extremadamente difícil su intercepción. El misil RS-24 Yars, de mayor peso de lanzamiento y dimensiones que el Rubezh, puede portar  de 4 a 6 MARV con una potencia de 150 a 300 kilotones.

La estrella de los mísiles balísticos pesados es sin duda el nuevo Sarmat que reemplazará al R-36M Voevoda o RS-18 Satan para la OTAN. El desarrollo secreto del Sarmat hace que no abunden los detalles técnicos, pero se sabe que tendrá un transporte de dos entradas con un rango superior a  10.000 kilómetros (algunas fuentes la extienden hasta los 17.000 km) y una carga útil con un peso de 4 a 10 toneladas. Los Marv  (Maneuverable Re-entry, vehículos de reentrada múltiples y remaniobrables) que portará a partir del 2018, maniobrarán  a velocidades de entre 6.000 a 10.000 kilómetros por hora, siendo equipadas con una computadora independiente para el guiado individual. Hasta hoy se creía que las ojivas pueden alcanzar velocidades hipersónicas de 20.000 km/hora pero para ser maniobrables en las capas bajas de la atmósfera, deben disminuir hasta los 3.000 km/hora, algo que los ingenieros rusos consiguieron superar según se cree.

Comparado con el misil estadounidense Trident II, elección del Pentágono para remplazar los misiles en silos terrestres por submarinos portadores, que tiene hasta 8 cabezas nucleares de 475 kilotones cada una o 14 ojivas de 100 kilotones cada una, el Voevoda, que será reemplazado a partir del 2018 por el Sarmat, tiene un alcance similar (10.000 km) pero puede portar hasta 10 cabezas nucleares de 750 kilotones cada una, lo que le da una diferencia de potencia enorme.

Rango de Clasificación de Misiles

El Sarmat tiene una serie de medidas defensivas que lo hacen superior a su antecesor y si bien no se tienen precisiones aún sobre su capacidad de destrucción, sabiéndose que su peso será de menos de 100 toneladas, la mitad que el Voeboda, se asegura que un solo Sarmat tendrá la capacidad de destruir completamente un área equivalente a Francia o Texas, más de 600.000 km2.

El otro factor de peso a tener en cuenta y que Rusia puede disponer a su favor, son los complejos misilísticos móviles. Sabiendo que la estrategia estadounidense era atacar los silos de misiles enemigos, Rusia hoy cuenta con versiones de sus sistemas estratégicos montadas en diferentes transportes de manera de darles movilidad y que no sean presas fáciles de sus enemigos.

Hoy Rusia ha vuelto a operar con trenes nucleares, algo que ya probó en los años soviéticos, aprovechando las largas vías férreas del enorme territorio ruso (120.000 km), camuflando vagones comunes de trenes de carga. Estos contenedores en pocos minutos se transforman en lanzaderas para los misiles nucleares que atacarán el territorio estadounidense.

Durante la Guerra Fría los sistemas instalados en trenes podían ser detectados a través de imágenes satelitales de alta resolución que permitían ver las suspensiones reforzadas para soportar el peso de los misiles e identificar las tres locomotoras necesarias para su tracción. Hoy la tecnología consiguió que puedan ser reforzadas las suspensiones con nuevos materiales que hacen imposible identificarlos a simple vista, al igual que disminuyó el peso de los misiles Rubezh, por lo cual ya no es necesario contar con tres locomotoras.

Pero la respuesta rusa fue más allá y está montando sistema de misiles Club-K, que consta de un contenedor con aspecto de uno comercial, que puede ser transportado por trenes, camiones y buques sin ninguna diferencia de apariencia con los habituales comerciales. Esto le permite atacar blancos navales y costeros en forma casi imperceptible, haciendo que las contramedidas en caso de guerra sean muy complicadas de implementar, como lo sería una amplia área de exclusión comercial.

 Sistema Club K

 Las opciones militares de EE.UU. y el riesgo que representan sus enemigos

En las actuales circunstancias es necesario determinar cuáles son entonces las opciones militares disponibles para EE.UU. Si partimos de una base común que es la aceptación del declive económico del bloque occidental encabezado por EE.UU., sumado al ascenso de China como economía global, las posibilidades de que el declive sea irreversible en pocos años y el cambio de poder hacia Asia sea un hecho, colocan a la salida de la opción militar como una tentación.

Un problema adicional es que China y Rusia han ido ampliando sus presupuestos militares porque ven como inevitable ser víctimas de la agresión de EE.UU., quien se encuentra con un sistema industrial militar caro e ineficiente que relativiza, como hemos visto en el caso del F-35, su capacidad de imponer por la fuerza sus decisiones.

Rusia apela a una estrategia basada en la alta tecnología que ha desarrollado en la época soviética y que ha ido perfeccionando. Sus equipamientos son robustos, confiables, de bajo costo y fácil mantenimiento. A ello le ha sumado una notable inventiva para sacar partido de métodos poco tradicionales que le permiten mantener su poder de disuasión a un costo menor que el de su enemigo.

El ejemplo de los contendores es muy claro para ver como una opción relativamente económica que obliga a sus rivales a enormes costos para poder enfrentarla. Esa asimetría le permite a Rusia continuar preocupando a los EE.UU. con un presupuesto mucho más magro.

El caso de China es diferente, acá la ventaja tecnológica es aún superior para EE.UU. pero reduciéndose rápidamente por varios motivos. En primer lugar China históricamente ha sido muy económica para producir sus equipamiento copiando cuanto material caía en sus manos, si bien no con la calidad original.

Con el paso del tiempo han ido mejorando sus capacidades y los cambios geopolíticos producidos por la miopía estadounidense en materia de política exterior, que ha empujado a Rusia a una alianza con China, le ha permitido al país asiático desarrollarse rápidamente gracias a que Rusia está colaborando con la transferencia tecnológica sensible que en otras épocas no hubiera sido posible efectuar.

Rusia le ha permitido, por ejemplo, construir el sistema de enganche de los aviones cuando aterrizan en el portaaviones Liaoning, ahorrándole años de investigación. Los casos más conocidos en materia de aviación, son los cazas Shenyang J-11, versión de los Sukhoi SU-24 rusos construidos bajo licencia a cambio de la compra a Rusia de aviónica, motores y radares, acuerdo que sólo se cumplió en parte.

Hoy China quiere solucionar este tema con la compra de 24 cazas SU-35, un derivado del SU-27 pero considerado de generación 4 + + por sus avanzados componentes. La inversión de 2.000 millones de dólares sería parte de un negocio mayor para adquirir sistemas para aplicar en sus propios aviones. Rusia desconfió bastante de esta operación que se viene negociando desde hace años pero finalmente la ha aceptado ante las dificultades económicas fruto de las sanciones comerciales, la caída del petróleo y el avance de la OTAN sobre sus fronteras.

Sukhoi Su-35

China tambien apuesta por el Shenyang J-31, un quinta generación con un extraordinario parecido al F-35 Lightning II. Edward Snowden dio a conocer que durante los 25 años de trabajo que se invirtieron en el modelo, China robó 50 terabytes de información sobre los F-35 y F-22. Viendo los resultados parece que la filtración denunciada por Wikileaks es cierta. La capacidad económica china y los bajos costos de producción le permitirían construir 600 J-31, de los cuales se destinará 120 para sus portaaviones, el Liaoning y el futuro Shendong de 50.000 toneladas que  ya ha sido botado y está en fase de pruebas, más un tercero que está en construcción.

Pero no sólo es eso, China pretende exportarlo, lo cual será un fuerte competidor de los EE.UU., afectándolo en la colocación en mercados extranjeros del controversial F-35, que necesita venderse  en un buen número para amortizar su costo.

China demuestra que tiene un potencial enorme, llevando al plano militar las características que tiene en el comercial, tal vez con un poco de retraso. China está en una situación desventajosa en apariencia por el atraso de sus FF.AA. producidos en los años posteriores a la Revolución, pero eso mismo es hoy en día una ventaja inesperada debido a que el proceso de renovación de equipo y tropas hace que su porcentaje de modernización sea muy alto comparados con sus homólogos estadounidenses.

Por supuesto que para un ejército no son todo las armas modernas como se está viendo con los tropiezos de Arabia Saudí en Yemen. Hace falta entrenamiento, experiencia en combate y mandos competentes. Hoy en estos aspectos China está muy rezagada, pero el apoyo de Rusia que tiene mayor experiencia,  servirá para acelerar los tiempos.

La participación de China en Siria, aunque secundaria por el momento, es un primer paso en ese sentido, para darle a sus FF.AA. una capacidad de combate real.

China apuesta a un diseño estratégico que haga sobresalir sus capacidades de combate en base a sus características pre-existentes. Su capacidad industrial instalada le permite producir en una calidad y cantidad que hoy está lejos de la de su rival americano. China puede reconvertir en caso de necesidad sus industrias para la guerra, favorecida por el proceso de relocalización que ha estado sufriendo en las últimas décadas EE.UU. en razón de los intereses de las corporaciones. Una buena parte de la producción se hace en el exterior, muchas veces en la propia China y las políticas de Trump intentan revertir ese proceso.

China, a partir de esta realidad, está en condiciones de producir equipamiento militar que irá aumentando su calidad en forma paulatina y en una cantidad que resultará insostenible para EE.UU. La alianza militar con Rusia ha acelerado en forma decisiva esta realidad y le permite acortar los tiempos de forma tal que en una década seguramente su capacidad militar será suficiente para que  EE.UU. vea como una quimera pensar en atacar al país asiático.

En este aspecto hay una diferencia con la posición de Rusia, quien hoy tiene superioridad tecnológica con China y con los mismos EE.UU. en varios aspectos, donde se destaca el tema estratégico. Las Fuerzas Aeroespaciales rusas, nuevo nombre de su Fuerza Aérea, están en condiciones de defender a su país exitosamente, hecho que también se acentuará con el paso del tiempo.

Rusia no tiene ni la capacidad económica de China ni su potencia industrial así que debe fijar una política de Defensa diferente. Rusia quiere posicionarse en la tecnología como base, desarrollando esencialmente su capacidad militar estratégica, donde se muestra netamente superior a EE.UU. tanto en cantidad de material nuclear como en calidad. El sistema de misiles que históricamente fue una pesadilla para los EE.UU., hoy parece ser decisivo para que este país norteamericano no intente un ataque contra Rusia.

Rusia no puede mantener una carrera armamentística contra EE.UU. como lo demostró la historia reciente, pero si puede defenderse en forma efectiva debido a que no tiene la necesidad que sí tienen los EE.UU. de tener presencia militar global, lo que requiere multiplicar su ejército. La presión presupuestaria resultante de los problemas económicos y la voracidad del complejo militar industrial está poniendo en serios compromisos esa capacidad.

Con el paso de los años las FF. AA. de EE.UU. están dando muestras de fatiga, el accionar en Medio Oriente demostró su capacidad para destruir pero no para controlar los territorios. Casi tres décadas después la columna vertebral de la proyección de su poderío en el exterior sigue estando basado en los mismos sistemas de combate que tenía en ese entonces, con pocas variantes.

El ascenso de China le está exigiendo reposicionar sus tropas, saliendo de Medio Oriente y aumentando su presencia en el Extremo Oriente. El 60% de las fuerzas navales, principal herramienta de proyección, se están situando en esa región, lo cual se constituye en una de las razones que obligan a la estructuración de respuestas no convencionales para Oriente Medio como es la aparición de Daesh.

La destrucción de los Estados hostiles es una solución más rápida y barata que la presencia militar permanente, que origina conflictos internos adicionalmente. Construir un caos donde diferentes tribus y sectores políticos luchen entre sí permite impedir que la región caiga en manos de China, que necesita las reservas energéticas para su desarrollo. La política en Medio Oriente tiene semejanzas con la de tierra arrasada para impedir que un enemigo al que no se puede contener, no pueda apropiarse de los recursos que necesita.

Retomar el control en América es relativamente simple y lo está haciendo aceleradamente gracias a su influencia cultural en clases medias y altas, pero en Medio Oriente no es esa una opción viable por lo que la destrucción es la mejor opción para disponer de recursos para contener la influencia china que crece en el Sudeste Asiático, sector clave para la expansión china. EE.UU. presiona a Japón para que se rearme, se acerca a Vietnam mientras  una Corea del Sur alineada sigue aumentando su capacidad militar. De esta manera EE.UU. consigue tener mayor capacidad sin aumentar los gastos propios.

La actitud prepotente y de destrucción  de todo aquel que no se subordine revela una incapacidad política, propia de un imperio en decadencia que ya no impone respeto como antes y necesita cada vez más el uso de la fuerza. El mismo concepto que utiliza en Asia Oriental lo utiliza en Europa para presionar por un mayor compromiso  militar que alivie las arcas estadounidenses haciendo que buena parte de los esfuerzos económicos caigan sobre las espaldas de sus aliados. Las vacilaciones de estos últimos, como sucede con Alemania y Francia, se deben a que sus gobiernos son presionados por un frente interno que no quiere una nueva guerra con Rusia.

Global Prompt Strike, la decadencia del Imperio y la Globalización

La actualidad demuestra cada vez más que EE.UU. no cuenta con los recursos militares para mantener abiertos los frentes de Medio Oriente, fortalecer la amenaza de la OTAN sobre las fronteras occidentales de Rusia y en el Mar de China como eje de la presencia militar en ese lado del planeta. Los cambios tecnológicos hacen que las formas de amenazas habituales, por medio del desplazamiento de flotas encabezadas por un portaaviones que proyectan su fuerza, se vean comprometidas en su seguridad. EE.UU. no puede permitirse que sus grupos navales, especialmente sus portaaviones, puedan dar una imagen de vulnerabilidad que alentaría a que muchos que hasta hoy obedecen, se insubordinen.

Los conflictos internos entre los globalistas y Washington también ponen lo suyo para aumentar la confusión. El proyecto globalista no necesita un EE.UU. fuerte que obstaculice el desarrollo de sus planes de construir estructuras supranacionales que determinen las políticas a seguir. Un estado demasiado fuerte puede llevarlo a desafiar el nuevo orden impuesto y debilitar su capacidad militar es una opción perfectamente lógica. Los sectores cercanos a la industria militar han colaborado con la crisis en las fuerzas armadas al demostrar una ambición de aumentar las ganancias a cualquier costo, produciendo mal y caro sin ningún tipo de reparos mientras pueda obtener enormes ganancias. Esta actitud mezquina es propia de un sistema capitalista en estado terminal donde, al igual que el sistema de especulación financiera, que no vacila en aumentar sus beneficios aún a costo de poner en riesgo la sostenibilidad del sistema mismo. ¿Por qué habría de ser diferente el comportamiento de un fabricante de armamentos si podemos ver en otras áreas sensibles como la industria farmacéutica y la de salud en general, un comportamiento que ha dado suficientes muestras de desapego ético y moral para colocar sus ganancias por sobre la salud, el bienestar y la vida misma de los seres humanos?

Submarino Clase Ohio disparando Misiles Trident II

Misil Minuteman II

EE.UU. se encuentra sin alternativas viables para impedir su caída, con la conspiración de parte de  su sistema político y económico/financiero, no puede conseguir implementar una fórmula que  impida que China termine por desplazarlo de su lugar como potencia global hegemónica y verse sumergido en un segundo plano como una potencia regional y no global. La historia y el “destino manifiesto”, el carácter “excepcional” que muchos atribuyen a su país, forman un frente que puede buscar otras alternativas a un lento declive. La perspectiva de un repunte económico se disipa a medida que los intereses de las corporaciones priman por sobre los nacionales, debilitando la estructura y produciendo una sangría permanente de recursos en función de la necesidad de obtener cada vez mayor rentabilidad.

No hay que olvidar que el Estado cumple diferentes funciones sociales, siendo una de ellas la de preservar el funcionamiento del sistema mediando entre los intereses de los diferentes actores.

En la actualidad las características internacionales en  la conformación de las grandes corporaciones y el persistente proceso de concentración del capital, está produciendo un desbalance a favor de estos grupos poderosos a los que el Estado ya no consigue disciplinar simplemente porque ellos han cooptado las estructuras del propio Estado, especialmente las concerniente a las tomas de decisiones estratégicas.

Ante esta situación surgen grupos internos dentro del Pentágono con el apoyo de sectores que son marginados por la actual política, nacionalistas variopintos, supremacistas y ciudadanos de lo que se conoce como la América Profunda que tienen una enorme desconfianza en el papel de las Naciones Unidas.

Estos grupos creen que las Naciones Unidas están siendo una herramienta al servicio de sectores globalistas que buscan la destrucción y/o el desmembramiento de los EE.UU., por lo cual tienen el deber patriótico de actuar. Con esta base de disconformidad está estableciéndose una corriente que cree que EE.UU. tiene que impedir a toda costa que China y Rusia desafíen el liderazgo. Dentro de quienes están en la vereda de enfrente, es decir, quienes sí buscan un modelo global de gobernanza, no ven con malos ojos un enfrentamiento militar que, gane quien gane, seguramente debilitará tanto a los EE.UU., que serán fácilmente controlables y lo mismo sucederá con los polos más poderosos del multilateralismo que son China y Rusia.

La solución a la decadencia de EE.UU. que une sectores con los diferentes objetivos, es sacar del juego a China y a Rusia. En realidad la amenaza estratégica es China por su envergadura, pero ante la torpeza de la política exterior estadounidense, China ha limado diferencias con Rusia y se encaminan a una alianza militar. Esto es algo que Henry Kissinger ya había advertido en su momento y había conseguido que la URSS y China se enfrentaran entre sí, acercando a esta última a la esfera de influencia estadounidense.

Los logros conseguidos de la política del “ping pong” han quedado a la vera del camino y hoy la realidad demuestra que la hostilidad creciente entre China y EE.UU. se ha instalado con fuerza y nada parece demostrar que en el futuro esta historia se revierta.

En una sintonía parecida se movió uno de los intelectuales que han tenido más influencia en las últimas décadas: Zbigniew Brzezinski, quien advierte sobre la necesidad de utilizar a China y/o Rusia una contra la otra, pero no enfrentar a ambas a la vez.

Todo indica que las posibilidades de frenar el ascenso de China por medios pacíficos son limitadas y condenadas al fracaso a largo plazo, pero los estrategas del Pentágono han elaborado una posible estrategia para sacar a China y Rusia del medio. Para entender sus planes lo primero que debemos hacer es comprender que una premisa que se asume mayoritariamente como válida, tal vez ya no lo sea.

Esa premisa es la que establece que una guerra entre las grandes potencias no tardará en pasar de convencional a nuclear y como ambos lados poseen la capacidad de la destrucción total de su enemigo, no habría ganadores y ambos serían destruidos. La Destrucción Mutua Asegurada (en inglés Mutual Assured Destruction o MAD), siglas que forman la palabra «loco» en inglés, (coincidencia), es una teoría concebida por el científico húngaro-americano  John von Neumann.

Esta teoría apareció durante la Guerra Fría y trajo cierto alivio porque se consideraba que ninguna de las dos superpotencias, EE.UU. y la URSS, estaban en condiciones de ganar una guerra y de comenzarla sería también destruida, por lo que la posibilidad de una Tercera Guerra Mundial se alejaba. Ésta es la base por la cual Rusia opta por modernizar y mantener cierta ventaja en el ámbito estratégico (nuclear), como no le es posible competir de igual a igual con los EE.UU., tener garantizada una respuesta nuclear es una opción más accesible que mantener un ejército con proyección global como tiene EE.UU.

Ésta también es la explicación por la cual Kim Jong-Un insiste en demostrar a sus enemigos que Corea del Norte puede disponer de capacidad nuclear militar y vectores para transporte de las ojivas. Corea del Sur tiene un Ejército de más de 600 mil miembros muy bien armado y equipado constituyendo uno de  más poderosos del mundo. El Norte no puede mantener económicamente el ritmo del gasto militar del Sur, por lo que busca otra alternativa que es la del desarrollo no sólo de cabezas nucleares sino también de vectores para poder realizar un ataque sobre las grandes ciudades de sus enemigo declarados (Corea del Sur, Japón y EE.UU.).

Demostrar la capacidad de destruir, o en el caso norcoreano, dañar severamente al enemigo puede funcionar como fuerte disuasivo. Lejos de ser un dictador loco como muestran los grandes medios, Kim Jong-Um realiza un plan frío y calculado que es la única posibilidad de sobrevivir. El principio es el mismo, MAD en el caso de las grandes potencias o por lo menos un daño insostenible en un caso más modesto como es el de la Península Coreana.

En medio de este marco es que los especialistas del Pentágono han desarrollado el concepto de Prompt  Global Strike, que consiste en asestar al enemigo un golpe lo suficientemente devastador como para inhabilitar una respuesta del enemigo, consiguiendo de esta manera romper con la MAD. ¿Qué cambió para que lo que antes era una destrucción mutua asegurada hoy puede que no lo sea? Para saber ello es necesario observar que la tecnología militar está en constante evolución, y por lo tanto, produce un cambio de estrategia. La propuesta de los defensores de la PGS es aprovechar la enorme precisión que hoy tienen los misiles y la velocidad que están alcanzando para poder realizar un ataque lo suficientemente preciso, potente y veloz como para inhibir la capacidad de respuesta nuclear del enemigo.

El balance estratégico conseguido a partir de la detonación el 29 de agosto de 1949 de la primera bomba nuclear soviética generó un desarrollo en estas dos superpotencias del concepto de Tríada Nuclear basada en los bombarderos estratégicos, aeronaves de gran alcance que pueden penetrar las defensas enemigas, los misiles intercontinentales con base en tierra y los submarinos portadores de versiones de misiles estratégicos que son difíciles de detectar antes del lanzamiento.

El costo de poner en marcha un sistema así ha dividido la táctica nuclear como disuasoria en el caso de las dos grandes potencias, EE.UU. y la URSS poseedoras en conjunto de aproximadamente el 93% del total de armas atómicas  y las potencias medianas como Francia, el Reino Unido, Israel, Pakistán, India, con la aparición en este grupo de Corea del Norte, que basan su estrategia en el desarrollo de guerra nuclear limitada. China pertenecía a este grupo pero está haciendo esfuerzos para poder competir en igualdad de condiciones con las dos grandes.

En el año 1968 Occidente desarrolla la concepción de Estrategia de Respuesta Flexible a través de la OTAN. Este desarrollo plantea que ante una probable respuesta nuclear de un ataque enemigo conlleva el peligro de una escalada nuclear que termine con una respuesta devastadora que haga que los costos del ataque sean demasiado altos para ser tolerados por el agresor, haciendo altamente improbable que se produzca en consecuencia este ataque.

Con el fin de reasegurar su seguridad Putin ha restablecido el sistema Perimetr, una solución automática de respuesta a un ataque nuclear que actúa aún si han sido eliminados los centros de toma de decisiones.

Este sistema, que había sido dado de baja con los acuerdos START I, cuenta con un software que monitorea permanentemente la actividad sísmica, nivel de radiación, presión del aire, temperatura, radiocomunicaciones militares buscando variaciones en la intensidad y frecuencia, radiación magnética e  ionizante y analiza los datos del sistema de alerta de misiles.

Si detecta determinados patrones compatibles con un ataque nuclear, el sistema se contacta con el  Estado Mayor, en caso de no recibir respuesta, se dirige inmediatamente al sistema de control de misiles estratégicos Kazbek. Si no detecta respuesta, el sistema autónomo de control y mando asume que Rusia está bajo ataque y que la falta de comunicaciones son el resultado del mismo, por lo que da la orden de realizar el contraataque con los medios disponibles lanzando misiles balísticos de control de comandos que dan las indicaciones para que los submarinos, aeronaves y misiles con base en tierra realicen el ataque y otras instalaciones nucleares supervivientes después del ataque del enemigo con el fin de realizar el ataque de respuesta sin el alto mando militar.

EE.UU., que también posee un sistema similar, sabe que por más que la tecnología hipersónica avance, es imposible destruir el 100% de los sistemas rusos, por lo cual necesita un reaseguro para evitar la represalia y esa es la función real del Sistema  THAAD (Terminal High Altitude Area Defense), contener los misiles que puedan haber sobrevivido al ataque inicial del GPS. Es por ello la necesidad de ubicar estos sistemas en Japón, Corea del Sur o en Europa Oriental y es esa la razón por la cual Rusia advierte que tomará recaudos.

Sin ir más lejos el Sarmat, con un alcance que algunas fuentes establecen en 17.000 km, puede seguir trayectorias a través del Polo Sur y quedar fuera de los sistemas antimisiles en sus posiciones tradicionales.

El sistema de innovación permanente de defensas que bloquea las posibilidades de ataque y las de los atacantes para perforar las defesas es viejo como el mundo, pero lo que hoy lo hace novedoso y especialmente peligroso, es que la potencia, precisión y velocidad son tales que terminar con el mundo es cuestión apenas de minutos.

Pensar que los principios de la MAD están aún vigentes es un grave error, se está trabajando arduamente para superar esas limitaciones y todo puede suceder.