FF.AA.: ENTRE NEGOCIOS Y GEOESTRATEGIAS

El presente informe está constituido por dos partes. En la primera se analiza la capacidad real militar de los EEUU, más allá del presupuesto como único parámetro, comparándola en algunos aspectos con la capacidad de China y Rusia. En la segunda las estrategias nucleares y convencionales de las potencias, especialmente el Global Prompt Strike como factor de quiebre ante la Mutual Assured Destruction vigente durante la Guerra Fría.

Parte I

¿Por qué el dinero no es todo en materia militar?

Por Marcelo Ramírez

Un análisis geoestratégico integral debe no sólo contener aspectos sociológicos, políticos, económicos, diplomáticos y demás objetos de interés habitual, sino contener también una evaluación de la capacidad militar de los países o coaliciones en pugna que puede ayudar a comprender la dinámica internacional. Mao Zedong decía que el poder nace de  la boca de un fusil, una verdad que se ratifica a lo largo de la historia cuando las naciones dominantes de cada época imponían sus “razones” a través de la fuerza.

El gasto militar

El primer punto con que se evalúa la capacidad bélica de una nación es en razón del gasto militar bruto. A partir de allí se establece que EE.UU., quien encabeza los presupuestos militares del mundo oficialmente reconocidos, es la principal potencia global. El Instituto de Estudios para la Paz de Estocolmo estableció que en el año 2014 lideraba los gastos con 610.000 millones de dólares (3,6% de su PBI), China ocupaba el segundo puesto con 216.000 millones (2,1% PBI), Rusia 84.500 millones (4,5% PBI), luego Arabia Saudí 80.000 (10,4% PBI), Francia 62.300 (2,2% PBI). Reino Unido 60.500 (2,2% PBI) e India 50.000 (2,4% PBI).

Si la mera comparación económica fuera suficiente para medir las capacidades militares, EE.UU. tendría una potencia tal que le permitiría enfrentarse simultáneamente con los 10 países que le siguen en forma victoriosa, un despropósito desde el punto de vista militar. También podríamos inferir que Arabia Saudí podría vencer en una contienda a Francia o desafiar a Rusia, algo absurdo.

La capacidad militar está definida por varios aspectos que son evaluados en los análisis de profesionales militares, pero no así en los habituales realizados por analistas corrientes. Uno de los factores importantes a tener en cuenta es la experiencia en conflictos contemporáneos, un hecho en el que EE.UU. tiene supremacía, puesto que durante la mayor parte de su vida como nación independiente ha enfrentado conflictos militares de todo tipo.

Luego de un período de incertidumbres y dudas después de la derrota en Vietnam,  EE.UU. decidió romper con ese tabú e involucrarse en la Guerra del Golfo, primera experiencia de magnitud que le ha permitido obtener una enorme experiencia en combatir a países con desarrollo militar escaso o anticuado, como fueron los casos de Afganistán, Irak, Libia y Siria, especialmente en la lucha contrainsurgente consecuente a las operaciones de ocupación, aunque últimamente también en operaciones de infiltración y sabotaje. La táctica empleada de aprovechar las ventajas tecnológicas hizo que minimizara las bajas propias debido a la ausencia de enfrentamientos directos en el terreno, el que según la doctrina utilizada, sólo se ocupará luego de eliminar los desafíos que presentan las tropas regulares del enemigo. Pero esta experiencia es sólo de combate limitado a guerras asimétricas, algo muy diferente a lo que sucedería en caso de enfrentarse con potencias con una capacidad militar moderna como es el caso de China y Rusia.

EE.UU. deslumbró al mundo durante la Guerra del Golfo estrenando armas novedosas como el tanque Abrams M1, que había entrado en servicio a principios de los 80. En la misma época en que lo hacía el helicóptero de ataque Apache, el misil subsónico Tomahawk, el caza furtivo F-117 Nighthawk y el F/A-18 Hornet. Estos equipos aumentaron su impacto gracias a una cobertura mediática cinematográfica. Pero los años han pasado y ese mismo armamento es hoy la columna vertebral de las FF.AA. y cuenta con  más de tres décadas de antigüedad, acercándose peligrosamente a la obsolescencia y quedando relegados en una comparación con las tecnologías de primer orden de las potencias actuales rivales.

 

Misil Tomahawk                                                                                                   Helicóptero AH-64 Apache

  Tanque Abrams M1

Pese a la creencia generalizada, los estadounidenses no cuentan con una renovación adecuada de sus equipamientos porque el presupuesto militar se ha estancado, decreciendo un 0,4% en la última década (2005/2014). Las razones son múltiples, empezando por una economía que ha sufrido un estancamiento en los últimos años y la presencia de Obama en la última década, que no ha sido partidario de incrementar el presupuesto militar como son los deseos de los sectores ligados al Pentágono.

En esta situación parece existir una contradicción entre la belicosidad emprendida por Obama en Medio Oriente y la tensión generada ex profeso en Ucrania, países bálticos y Mar de China con la corriente globalizadora que necesita Estados débiles que puedan ser coaccionados por las mega corporaciones. Sectores en EE.UU. opuestos al modelo globalizador financiero que busca un cambio de arquitectura global en el que el poder de los Estados ceda paso al de los intereses corporativos financieros internacionales, denuncian un proceso sostenido de debilitamiento de las FF.AA. estadounidenses. EE.UU. es demasiado poderoso como Estado y es un obstáculo a remover para avanzar en esa meta.

El ascenso de Trump no ha variado en demasía la situación, si bien ha anunciado con bombos y platillos que va revitalizar sus FF.AA. Por el momento los aumentos presupuestarios han sido modestos e insuficientes para el mantenimiento del poder de EE.UU. al mismo nivel que mantuvo durante la segunda parte del siglo XX. A pesar de la intención de Trump de subirlo a más de 800 mil millones, sigue lejos de las necesidades reales.

Sea cual fuere la razón, mientras EE.UU. se debate entre los partidarios de aumentar el presupuesto y quienes son partidarios de bajarlo, China incrementa el suyo en un 167% y Rusia en un 97% en la última década. Si bien el presupuesto de la nación americana sigue siendo en términos absolutos muy superior, para poder mantener la distancia histórica en capacidad militar, debería hoy estar en una cifra superior al billón doscientos mil dólares, algo que está fuera de las posibilidades económicas actuales.

Pero el monto de dinero asignado no es lo único para entender la correlación gasto militar/eficiencia en combate real.  EE.UU., como todo el mundo occidental, está sufriendo un desarrollo desmesurado de sus corporaciones, entre ellas las ligadas al sector militar, que han alcanzado niveles de desarrollo y por lo tanto de poder e influencias, tan altos que pueden imponer sus propias necesidades por sobre el interés de las naciones. El avance de los negocios privados ha establecido una frontera difusa entre los funcionarios públicos y privados que se alternan entre el aparato militar civil y estatal, confundiéndose los intereses. Si bien ya Dwight Eisenhower advertía sobre la peligrosidad del Complejo Militar Industrial, la presencia de los negocios como fin último está alcanzando niveles escandalosos que llevan a preguntarse si EE.UU. emplea su presupuesto militar eficientemente.

 El caso del F-35 Lightning II

F-35 Ligntning II

Sabemos que el aumento de una partida presupuestaria no significa directamente una mejora en los resultados esperados, ya sea por corrupción o deficiencias en la administración de recursos. El tema militar no escapa a esta regla general. Para entender cómo funciona el negocio del sobreprecio y la escasa calidad del material producido, vamos a analizar el caso de un programa estrella que es el del caza furtivo de 5ª generación F-35 Lightning II, que será el reemplazante de los cazabombarderos de todas las fuerzas estadounidenses, un negocio que gracias a las presiones de esta potencia, se extiende a varios países aliados suficientemente ricos como para poder costear estos aparatos.

En la década de los 90 se conoce públicamente un desarrollo secreto de los 70, un cazabombardero con características que lo hacían indetectable para los radares de la época. El promocionado caza furtivo F-117 Nighthawk era un aparato extremadamente costoso, más de 110 millones de dólares de desarrollo por avión. Se lo presentó como imposible de detectar por el enemigo y por consecuencia, de derribar, permitiéndole penetrar cualquier defensa por más sofisticada que ésta fuese. A pesar de lo planteado, el misil aire tierra S-125  Neva/Pechora ruso, con tecnología de los 60 utilizado por las fuerzas serbias en Kosovo, había sido suficiente para derribar al promocionado caza, poniendo la invisibilidad en duda.

El F-117 se reveló también como un avión inestable, difícil de pilotear que requería pilotos con más de 2.000 horas de vuelo previas en aparatos de combate, para comenzar recién entonces los cursos que les insumirían al menos un año más de entrenamiento. El material absorbente de las ondas del radar, clave de la “invisibilidad”, era frágil, se desgastaba rápido y no era recomendado para misiones embarcadas por las condiciones del mar.

El mantenimiento del caza en líneas generales era muy costoso y su precio, estimado en 120 millones de dólares como ya hemos dicho, era excesivo si se comparaba con un F-16 de 15 millones o un F-15 de 31 millones, más maniobrables, ágiles, eficientes y con un mantenimiento más económico y fácil. Por las características del diseño era un avión de precisión ideado para atacar blancos que podían serlo con las mismas posibilidades por un misil Tomahawk, de apenas un millón de dólares la unidad. La conclusión obvia es que siendo costoso e imposible de contar en número suficiente por su elevado precio, el Tomahawk podía cumplir esa función con creces, por lo que el avión fue retirado del servicio.

F-117 Nighthawk

La pregunta de rigor sería ¿era necesario ese desarrollo? ¿Cuáles fueron las razones para gastar tanto dinero en un aparato que se dio de baja pocos años después? A fin de cuentas seguramente para la Lockheed el negocio no fue tan malo como para las fuerzas armadas norteamericanas.

Podemos darle un poco de crédito a la honestidad de la industria de armamentos y pensar por un momento que el fracaso del F-117 fue un error aleatorio de la industria de defensa de EE.UU., sin embargo la historia vuelve a repetirse con su sucesor, el F-22 Raptor, un caza sigiloso de excelentes características pero con el mismo problema que el anterior: un costo tan elevado que ascendía a 356 millones de dólares de inversión total y 150 millones de costo de fabricación individual, con 30 horas necesarias de mantenimiento por cada hora de vuelo y un costo individual de 55.000 dólares por cada una de esas horas de vuelo.

El F-22 Raptor era un aparato de una clase superlativa, siendo por mucho tiempo el único de 5ª generación en servicio durante años. Se entregaron solo 183 aparatos, entrando en acción de combate por primera vez en Siria en el 2014 pese a haber sido discontinuado en el 2012.

Nuevamente el mismo problema, un valor final que hace imposible contar con ellos masivamente para cubrir las necesidades de EE.UU. Con el mismo final que el F-117, el F-22 fue sacado de producción para ser reemplazado por el F-35 Lightning II, la nueva promesa de la industria.

Nuevamente la misma pregunta ¿cómo es posible que los costos se disparen de esa manera y se aborte un proyecto tan costoso como éste? ¿Nadie pudo prever el costo final? Las fases de diseño y pruebas son extremadamente costosas y no deberían comenzarse si finalmente el producto final sería desechado por su costo.

F-22 Raptor

Pero como dicen que no hay dos sin tres, aparece en el horizonte productivo el F-35 Lightning II, tercer intento de la Lockheed Martin para dotar de un avión furtivo a las fuerzas armadas de su país. La Lockheed Martin junto a la Northrop Grumman y BAE Systems como principales asociados, proyectaron una avión nuevamente de 5ª generación pero esta vez a un costo accesible de producción y mantenimiento. O al menos eso prometieron. La realidad indicó que se combinaron dos características de los predecesores como el F-117, definitivamente malo y como el F-22, caro. El producto final, el F-35 ha sido despedazado por la crítica especializada.

Veamos el porqué de esta dura afirmación: «De hecho, el programa no va camino al éxito, sino al contrario, va rumbo al fracaso a la hora de cumplir con las capacidades completas de la aeronave, para las que el Departamento pagará unos 400 mil millones de dólares en la etapa final del proyecto, en 2018” explicó Michael Gilmore, director de pruebas operacionales del Departamento de Defensa estadounidense.

El costo inicial del programa fueron los 400.000 millones de dólares señalados, el más caro en la historia militar mundial. Recordemos que la intención era un avión para cubrir todas las necesidades de las FF.AA., por lo que el precio era determinante por la cantidad de aparatos que se deben incorporar.  El programa partía con un error básico, fue llevado a la línea de producción antes de estar maduro el proyecto. No sabremos nunca con exactitud si por las urgencias de la Fuerza Aérea, que cuenta con aparatos que ya no son la vanguardia, o por los intereses comerciales. La realidad es que se comenzó a producir sin saber a ciencia cierta cuál iba a ser el comportamiento final. El máximo responsable de adquisición de armamentos de EE.UU., Frank Kendall, dijo que  “Llevar el F-35 a la línea de producción años antes del primer vuelo de prueba fue una mala práctica. No se debió hacer, pero lo hicimos.”

El Departamento de Defensa publicó una tabla con los costos del programa donde podemos observar cómo se incrementó el costo inicial desde los 233.000 millones de dólares a 390.400 millones por una cantidad de 409 aparatos menos que los planteados originalmente.

Si bien las fuentes difieren en los datos finales, ya que hay quienes hablan de un costo superior al billón de dólares y hasta el billón y medio, podemos  estimar que el F-35 superó con creces los costos esperados.

Inicialmente contaba con tres versiones, un caza multipropósito F-35A, ligero y maniobrable para la fuerza aérea, a un precio de 150 millones de dólares la unidad, una versión F-35B embarcada, con motor para  despegue vertical -que significó un costo adicional enorme por la complejidad tecnológica que demandaba el despegue vertical, subiendo su valor a los 330 millones de dólares por cada unidad- y una tercera versión, el F-35C, también para la U.S. Navy pero con alas plegables y de mayor superficie, adaptado para despegues y aterrizajes en portaaviones, que tendría un valor de 250 millones de dólares cada aparato.

Con la asunción de Donald Trump se renegoció el precio, el Departamento de Defensa de Estados Unidos y Lockheed Martin Corp anunciaron un acuerdo por 8.500 millones de dólares por 90 cazas F-35, el precio más bajo, 95 millones de dólares, en comparación con los 102 millones de la entrega anterior, un ahorro de 728 millones de dólares. Una baja considerable del precio inicial de 150 millones, lo que deja duda sobre la relación real precio/costo.

Pese al alto presupuesto, las fallas comenzaron a aparecer, un roce excesivo entre los mecanismos del motor Pratt & Whitney produjo una temperatura superior a los 1.000º C, por encima de los 537º C calculados, lo que se tradujo en un incendio del aparato. El F-35 también experimentó dificultades cuando el combustible con el que se lo reabastece en pista tiene una temperatura superior a la calculada. En esas condiciones el caza no puede funcionar, algo que se produce en los camiones abastecedores que esperan bajo el sol del desierto, por ejemplo. La solución encontrada fue repintar la flota de camiones cisterna con una pintura reflectante para mantener la temperatura del combustible dentro de los límites aceptables.

Pero ese no fue el único problema, el sistema de puntería electro-óptico (EOTS) del F-35 está basado en un sistema Sniper de 10 años de antigüedad que debe ser actualizado, pero el problema no termina ahí, carece de infrarrojos, una tecnología antigua pero efectiva y tampoco puede ser enviada la señal de video a tierra.

Las fallas son múltiples y ocasionaron constantes retrasos en el desarrollo. Un informe del Pentágono especifica lo siguiente:

  • El sistema dedicado al mantenimiento del avión no identifica partes nuevas de viejas, por lo que puede indicar el reemplazo de componentes incorrectos.
  • El caza falla al detectar si ha estado volando muy rápido y los consecuentes desgastes de alcanzar altas velocidades.
  • El sistema de mantenimiento tampoco puede reconocer partes defectuosas.
  • Existen fallas con la gestión de datos e información necesaria para planear y ejecutar misiones. En otras palabras, el sistema no puede procesar tantos datos como es necesario en una aeronave que centraliza las informaciones provenientes de sus múltiples sensores.

El Pentágono recomendó esperar al menos hasta el 2017 para subsanar los problemas encontrados, pero fue desoído. Una falla del software parece una burla, un bug informático interfiere en la estabilidad del sistema de radar del F-35 Lightning II. “Lo que ocurre es que reciben una señal que menciona un deterioro del radar o un fallo del radar” explica el general Jeffrey Harrigian de la Fuerza Aérea. La solución encontrada es apagar el radar y reiniciarlo, como si fuera una PC inestable.

Una observación más detallada encontraría muchos más problemas en el F-35 pero no es el objetivo de este análisis. Una vez conociendo las dificultades y altos costos del caza furtivo nos debemos hacer la pregunta del millón, ¿vale la pena el esfuerzo económico realizado? ¿Es el F-35 el caza más letal de todos los tiempos que promocionó su fabricante o es simplemente un producto mediocre y caro? Esto último no sería una novedad tenida en cuenta la experiencia de los anteriores F-117 y F-22 descriptas precedentemente.

Una respuesta a ello la podemos encontrar en las palabras de Winslow T. Wheeler, director del Proyecto Straus para la reforma del Ejército de los EE. UU., quien explica que “El F-35 es demasiado pesado y lento para tener éxito como caza. Si alguna vez nos enfrentamos a un enemigo con unas fuerzas aéreas serias, tendremos un gran problema”.

Los problemas de diseño ya descripto han significado un avión de alas cortas, lento, poco maniobrable, escasamente armado y con una furtividad puesta en duda debido a que el desarrollo de radares que utilizan frecuencias VHF suelen detectar los diseños furtivos y que las fuerzas rusas están adoptando rápidamente, más aún, las fuerzas chinas están en mejores condiciones para detectar aviones furtivos que los mismos estadounidenses.

Para saber entonces si el F-35 es un avión exitoso, teniendo en cuenta que aún no ha entrado en combate con fuerzas armadas avanzadas, sólo podemos tener una idea certera con la comparación de su equivalente ruso, el Su-57, un competidor de 5ª generación. Carlos Kopp, analista australiano independiente llegó a la conclusión de que la Sección Transversal de Radar del Su-57 es mayor a la del F-22 y similar a la del  F-35 Lightning II, pese a ser de mayor tamaño.

El Su-57 usa dos motores AL-41F, motor de 14.500 kilos de empuje cada uno, que se reemplazará por el Ob’jekt 30 que le dará mayor empuje, 18.000 kilos. Eso sumado a la mejora en el material de recubrimiento le dará una ventaja considerable al Su-57.

SU-57

Según Kopp, con los motores y recubrimiento modificados habrá que esperar que el rendimiento RCS «satisfaga los requerimientos de muy baja detección [por parte de los radares]». Es decir, una versión optimizada del caza ruso podría ser muy, pero muy difícil de detectar por la mayoría de los radares.

Otra de las ventajas del Su-57 es la extrema agilidad, una carga interna de 11 toneladas de combustible que le permitirá mantenerse en combate mucho más tiempo que el F-35. Es más, de acuerdo con Kopp, el Su-57 podrá evitar mejor algunos radares, puesto que los sensores estadounidenses son unos de los peores para detectar la forma única del Su-57. Según el estudio de Kopp, los radares chinos, desarrollados para detectar cazas furtivos de EE.UU., «verán» al caza de EE.UU. con mayor facilidad, algo que pone en una situación comprometida a los aviones estadounidenses que han apostado a la furtividad como forma casi única de superioridad, a diferencia de los rusos que confían más en la velocidad, maniobrabilidad y capacidades electrónicas. La apuesta de EE.UU. tiene el inconveniente de que en caso de elaborarse sistema que detecte la silueta del caza, se perderán todas las ventajas, no habiendo un plan B para mantener la supremacía aérea. De acuerdo con el mismo estudio, otros buenos radares para detectar a los Su-57 serán los que funcionan en la banda UHF, instalados en aviones de alerta temprana E-2 de la Marina de EE.UU., sin embargo eso no anularía la capacidad de las aeronaves rusas que tienen otras formas de actuar.» No existen obstáculos fundamentales en el diseño de la forma del Su-57 que puedan impedir su desarrollo hasta alcanzar una invisibilidad muy alta», concluye Kopp.

El F-35 se muestra superior en la capacidad de sus sensores, pero en el resto de los ítems está muy por debajo del ruso. La falta de maniobrabilidad hace al F-35 un blanco fácil para un combate cercano contra otro avión (fight dog). Los diseñadores del caza estadounidense lo diagramaron para no ser detectado y derribar a sus oponentes a gran distancia, pero al fallar su capacidad furtiva, el castillo se desmorona. La falla del motor por temperatura lo hace sensible a los misiles con cabezas con sensores infrarrojos, la aerodinámica tosca le quita capacidad evasiva y el desarrollo de una nueva generación de radares rusos de los sistemas misilísticos tierra-aire y los sistemas IRST, búsqueda y seguimiento por infrarrojos, amplían el rango de detección a aviones ultrafurtivos como el costosísimo F-22 Raptor a más de 90 km. En esas condiciones el F-35 es una presa fácil para aviones como los Sukhoi 30 de un costo de entre 30 y 40 millones de dólares o del mismo Su-27, actualizado al nivel del anterior y con más de tres décadas de servicio.

Un inconveniente adicional es que debido a su diseño el F-35 tiene una bahía de carga muy reducida que no le permite llevar los misiles y bombas necesarias, pudiendo cargar apenas dos bombas grandes, cuatro pequeñas y un máximo de cuatro misiles aire-aire de tipo BVR (más allá del alcance visual). El resto del armamento debería colocarse en los puntos de anclaje externo, lo que le harían perder su característica de invisibilidad. Para empeorar las cosas, los diseñadores estadounidenses han utilizado armamento incompatible con cazas 4 + y 4 ++, algo que los rusos han evitado hacer, algo que complica el manejo del armamento, pero facilitado para el  Su-57.

Para tener idea de la diferencia de capacidad de carga con el ultramaniobrable Su-57 ruso, podemos observar que esta máquina dispone de 4 misiles anti-radares Kh-58UShK contra los blancos navales,  4 misiles X-35UE,  4 misiles X-74M2, 4 misiles Kh-38M en compartimientos carenados y 4 bombas KAB-500. Para golpear los aviones AWACS y derribar los cazas enemigos, el Su-57 dispone de 4 misiles BVR  del tipo K-77M, para combate aéreo cercano contra aviones de caza,  2 misiles K-74M2. En los soportes no carenados son capaces de transportar todo el arsenal de misiles y bombas ya existentes para los aviones Su-30SM y Su-35 pertenecientes a la generación 4++.

Según el NY Times, se llevó a cabo un test de combate entre un F-35 y un F-16 con cuatro décadas sobre el Pacífico a una altura comprendida entre los 10.000 y los 30.000 pies con el objetivo de evaluar la maniobrabilidad del F-35 contra un F-16, con tanques suplementarios que le restan movilidad. Los resultados demostraron falta de empuje y sustentación del F-35 por la escasa potencia del motor limitando las maniobras evasivas, el casco del piloto del F-35 es demasiado grande para dimensiones de la cabina del F-35, por lo que dificulta el movimiento de la cabeza para visualizar a su oponente.

Por último, el piloto intentó utilizar el cañón  de su F-35 pero también fracasó por la poca cantidad de munición y la escasa visibilidad.

 La presión diplomática de EE.UU. para favorecer la Industria Militar

Volviendo entonces al motivo de traer a colación el F-35 ¿cómo se explica que se haya realizado un proyecto tan costoso y con tan pocos resultados? ¿Por qué se decidió seguir contra viento y marea cuando anteriormente se desestimó el F-22, un avión muy superior en todos sus aspectos, porque se lo consideró muy caro? La explicación oficial es que la hora de vuelo de un Raptor es de 55.000 dólares contra 43.000 del F-35, algo que parece insuficiente.

Richard Aboulafia, vicepresidente y analista de la corporación Teal Group estima que el programa de incorporación del F-35 sería un agujero negro que absorbería el 50% del presupuesto militar, en total el costo de adquisición de 1.763 aviones F-35, considerando sólo las versiones más económicas del F-35A, se llegaría a la suma de 215.000 millones de dólares.

La explicación sólo puede ser encontrada dentro de los intereses corporativos que se mueven detrás de un presupuesto que varía, según se lo considere, entre los 400 mil millones y el billón de dólares.  La FF.AA. de EE.UU. se propusieron reemplazar todos sus aviones de combate por las diferentes versiones del F-35, pero la realidad económica del país indica que solamente podrán en el futuro reemplazar el 60% de los aviones embarcados en portaaviones, en el mejor de los casos, no sabiendo aún como harán para completar la dotación necesaria.

Esto nos lleva a preguntarnos sobre la eficiencia real de las FF.AA. de EE.UU., de su industria armamentística y de su futuro. Para poder sobrellevar los costos EE.UU. no ha vacilado en presionar a sus principales socios para que se embarquen en la aventura de modernizar sus flotas aéreas.

El programa Joint Strike Fighter del que deriva el F-35, es un programa multinacional liderado por la estadounidense Lockheed Martin. Para que el negocio sea rentable se deben colocar los F-35 también entre los aliados, pero ante las pocas virtudes del aparato y el alto costo, los países alineados de EE.UU. no se muestran muy entusiasmados, pero allí entra en juego el peso de los EE.UU., algo que se potenció con Trump.

Más allá de las formalidades diplomáticas expresadas, medios canadienses informaron que Lockheed Martin presiona con sanciones económicas contra Canadá en razón de que este país ha desistido de adquirir los 65 F-35 esperados. “No quiero que se perciba como una amenaza, pero vamos a tener otra opción: si Canadá se aleja del F-35 (refiriéndose a los proyectos en los que participa), los contratos en Canadá serán transferidos a otras naciones que comprarán los aviones” expresó a la prensa Steve Over, director internacional del proyecto del F-35 de Lockheed Martin a la Canadian Broadcasting Corporation.

Justin Trudeau, primer ministro y líder del Partido Liberal consideraba que el F-35 es innecesario para Canadá, cuestionando las capacidades reales del caza furtivo.

Australia ha decidido participar con contratos de construcción por valor de 412 millones de dólares. Marand Precision Engineering, con sede en Melbourne, es el mayor proveedor australiano del programa F-35 y su aportación se materializa en los estabilizadores verticales, en la fabricación de diverso utillaje especializado y en el suministro de la plataforma móvil para la retirada e instalación del motor de la aeronave. Sin embargo para ello debe adquirir 100 aeronaves, con un balance que claramente es deficitario.

Italia, seducida por ser un centro de mantenimiento de F-35 con 2.500 puestos laborales en su apogeo, se comprometió a comprar 60 unidades convencionales y 30 de despegue corto sin conocer el precio final, que se estima en alrededor de 100 millones de dólares la unidad, sin incluir el motor.

Israel negocia la compra de 75 unidades por una suma estimada en 1.500 millones de dólares, pero en los últimos meses comenzó a evaluar la posibilidad de dar marcha atrás, si bien ya recibió una primera entrega de los 33 aparatos comprometidos por 330 millones.

Dinamarca se suma con 27 unidades por unos 3.000 millones, el Reino Unido, socio incondicional, se ha propuesto comprar 138 cazas furtivos por 12.000 millones de libras según la televisión Sky News. Corea del Sur suma otros 40 por 5.470 milones,  Japón a disgusto está comprando 42 aparatos a 137 millones cada uno, pero las tardanzas, cambios de planes y baja performance hacen que el gobierno Nipón apueste a un desarrollo propio a pesar de satisfacer a Washington con esa compra.

Holanda compra 37 por 6.000 millones y Turquía había planeado adquirir 100 aparatos, pero esto hay que ponerlo en dudas porque luego del intento de golpe contra Erdogan, la situación bilateral no es la mejor y difícilmente EE.UU. ceda un avión de estas características a un país que podría entregarlo a rivales como China. Todos estos números oscilan según fuentes y etapas, por lo cual son estimaciones aproximadas.

Lo que puede observarse es que EE.UU. utiliza todo su poder diplomático para forzar a sus aliados a comprar el polémico F-35, manteniendo de ese modo la rentabilidad de las empresas involucradas aún a costa de la imagen del país. El caso del F-35 no es el único cuestionado, pero si el más crudo que demuestra que la correlación entre el valor del producto final no se corresponde con la calidad obtenida. EE.UU. tiene un enorme presupuesto militar que a primera vista parece darle una supremacía militar inmensa, pero cuando se comienza a ver como los intereses creados que inflan valores y ponen en el mercado productos de dudosa capacidad, la certeza sobre el poderío militar comienza a ponerse en dudas.

F-16 Fightin Falcon

El estado de la Fuerza Aérea de los EE.UU.

La columna vertebral de la aviación estadounidense tiene varias décadas basada en los F-16 Fighting Falcon de Lockheed Martin y el F/A-18 Hornet de Boeing, que son diseños exitosos de los años 70 y su fabricación hoy depende de posibles compradores extranjeros, pero esto es cada vez más improbable por la aparición de Rusia y China como competidores. Una prueba de la obsolescencia del F-16 es que Sira ha derribado uno de estos aparatos de la fuerza aérea israelí con un S-200, un sistema de misiles antiaéreos producido por la extinta URSS hace más de 50 años.

La escasez de aeronaves y las dificultades para tener reemplazantes adecuados ha llevado a que la fuerza aérea estadounidense haya comenzado a poner en funcionamiento aviones estacionados en el cementerio de Arizona como el F-18 Hornet. La puesta en servicio de aviones que ya se habían desestimado, la falta de previsión al no adquirir más ejemplares de la versión superior, el Super Hornet más moderno y de mayor capacidad, combinados con las desinteligencias en la llegada masiva del F-35, llevan a la fuerza aérea más poderosa del mundo a recurrir a viejos aviones. También es sabido que hay casos de canibalismo, es decir, de quitarle piezas a aviones en tierra para poder mantener en funcionamiento los que están en servicio.

Este tipo de accionar es indigno de una superpotencia como EE.UU. y se asemeja más a una nación tercermundista con aprietos económicos. Es indudable la superioridad numérica de la fuerza aérea de EE.UU.  sobre Rusia y China, aún en forma combinada, pero el interrogante surge en base a la antigüedad.

EE.UU. alcanzó su cénit económico luego de la Segunda Guerra Mundial, pero hoy su economía es comparable a la de China, un notable ejemplo a simple vista de que la ventaja económica que le permitió ser la primera potencia global hoy comienza a verse en serias dificultades. La potencia económica que le permitió financiar un programa armamentístico en los 70/80, aún es la base del equipamiento actual.

 Las dificultades en el mantenimiento de las FF.AA.

No solamente esto sucede con la fuerza aérea. El famoso tanque Abrams M1, aún en sus versiones más modernizadas, tiene un problema que resulta un ejemplo de la concepción diferente en el diseño del armamento ruso y norteamericano. El M1 recibe su potencia de una turbina de gas, que si bien se ha mostrado eficiente, es un mecanismo demasiado delicado y requiere constantes revisiones, siendo por lo tanto caro de mantener y poco confiable para el desierto, por ejemplo, donde la arena se transforma en un desafío. El blindaje ha sido cuestionado para los parámetros actuales y su capacidad de fuego es inferior al T-90 ruso, que posee una armadura de tercera generación  con un blindaje reactivo Kontakt-5 (ERA). El tanque ruso también se muestra como confiable por su motor convencional y su bajo nivel de requerimientos en mantenimiento.

Pero lo preocupante es que el Abrams, en su versión M1A3, contará con un cañón más liviano y potente que deberá permanecer en servicio hasta el 2050, con lo que las posibilidades de modernización se verán limitadas porque ya está cerca del techo de sus posibilidades. Rusia ha comenzado ya la modernización de sus tanques T-72 por los nuevos T-14 Armata. Armata es una plataforma múltiple de última generación para diferentes usos.

T-14 Armata

El T-14 es un tanque de concepto futurista que supera hoy ampliamente al Abrams M1A1 y a su versión posterior y que tendrá un competidor a su altura recién con el nuevo M1A3, pero que a diferencia del estadounidense, tiene un potencial enorme de crecimiento. El T-14 tiene una característica que lo distingue y es una torreta totalmente automatizada sin tripulación, que se encuentra protegida en una cápsula blindada, un futuro cañón de 152 mm equiparable a una pieza de artillería pesada y contramedidas de defensa electrónicas avanzadas. Lo más importante es que un T-14 cuesta la tercera parte del valor que el tanque de EE.UU., demostrando una vez más que la industria estadounidense tiene como prioridad ganar dinero y no velar por la seguridad de su país. En el caso de los ejércitos de tierra, EE.UU. está notablemente por debajo de Rusia en número de unidades y ahora también comienza a rezagarse en tecnología.

Donde realmente EE.UU. demuestra su supremacía aplastante es en la marina. La US Navy cuenta con 10 portaaviones operativos, siendo que por su esquema operativo debe contar con al menos 12. La inversión en portaaviones es una larga polémica. EE.UU. utiliza este tipo de navío para proyectar su fuerza lejos de sus costas, lo que hace necesario contar con ese número.

Un portaaviones de última generación como el Gerald Ford se encuentra en pruebas para reemplazar al Enterprise, retirado de servicio en el 2013.  La nueva clase Gerald Ford, que reemplaza a la clase Nimitz que integran el resto de la flota, tiene un costo estimado en 13.000 millones de dólares y debía entrar en servicio en el año 2016, luego de varias demoras sufridas. Los últimos datos entregados indican que la nave que fue botada hace 3 años, aún no se encuentra apta para el servicio y recién lo estará para el 2021, porque presenta serios inconvenientes para su funcionamiento debido a que se le han instalado innovadores sistemas que aún necesitaban ser probados.

Portaaviones Clase Gerald Ford

El Gerald Ford fue parte de un programa impulsado por el Departamento de Defensa conocido como “Transformación”, según dio a conocer Frank Kendall, responsable de compras de armas del Pentágono, que condujo a numerosas fallas y fue promovido a pesar de ello, por el ex Secretario de Defensa Donald Rumsfeld en el 2001. Kendall remarca 5 áreas a revisar, que incluyen sistemas de propulsión y eléctricos, de lanzamiento y recuperación y un nuevo radar de banda dual que presenta problemas de integración. Kendal cree que le resultaría imposible operar en áreas de combate de alta intensidad.

El tema del alto costo, la falta de confiabilidad y el apresuramiento muestran el mismo patrón que sucede con el F-35 y las soluciones son igualmente improvisadas. El retraso ya tiene el costo de dejar a la armada con un portaaviones menos que los necesarios debido a que en el 2016 se debía efectuar el relevo. Pero la suma de errores hicieron que el Gerald Ford no se pueda incorporar y no solamente deja un flanco desprotegido, sino que daña la ya maltrecha imagen de su país.

 Las nuevas tecnologías y su impacto en las estrategias militares.

La necesidad de contar con este tipo de naves tan costosas como los portaaviones abre otro debate ¿es hoy lógica la inversión en un portaaviones? EE.UU. sufrió el hundimiento de 7 portaaviones en la Segunda Guerra Mundial y debió replantear la estrategia militar desarrollando aviones de largo alcance para bombardear los territorios enemigos sin necesidad de acercarse a las costas y arriesgar sus portaaviones.

En la actualidad el desarrollo de misiles antibuques hipersónicos como el Tsirkon ruso, el Brahmos

Portaaviones Clase Gerald Ford de desarrollo conjunto indo-ruso o el supersónico DF-21D chino, el desarrollo de submarinos extremadamente silenciosos clase Yasen, torpedos de supercavitación VA-111 Shkval ruso que alcanza los 380 km/h bajo el agua (realizado por la URSS) o la esperanza que genera el Harbin Institute of Technology’s Complex Flow and Heat Transfer Lab, generan importantes expectativas de realizar equipos que alcancen los 5.800 km/h, una velocidad que haría alcanzar la Costa Oeste de EE.UU. en poco más de una hora y media.

Estos sistemas sumados a la aparición de drones de bajo costo, hacen pensar que los portaaviones norteamericanos serían una presa fácil de atacar y hundir. Un portaaviones con casi 5.000 tripulantes, un centenar de aviones embarcados, y un costo de 13.000 millones de dólares de base, resultaría una baja muy dificil de asimilar para los EE.UU. sin una enorme crisis política.

La estrategia de EE.UU. durante las últimas décadas que ha sido la de atacar países con ejércitos atrasados y mal entrenados o sin entrenamiento ni armas modernas y efectivas que puedan poner en peligro sus caros navíos, ha sido exitosa. Pero esta situación será completamente diferente ante un rival de la magnitud de Rusia y/o China, que fácilmente podrían hundir no sólo los portaaviones sino las flotas que protegen a cada uno de ellos. EE.UU. tiene en las cercanías de las costas chinas 4 grupos navales encabezados cada uno por un portaaviones, los cuales serían atacados inmediatamente y hundidos en caso de conflicto.

Dong Feng-21D

El alcance de los DF-21D de Beijing, de más de 1.500 km de distancia de las costas, obliga a los grupos navales a permanecer fuera de ese radio de acción, haciendo impracticable un ataque masivo a tierra, atendiendo a que para poder operar a esa distancia deben ser reabastecidos en el aire, haciendo muy dificultosa y arriesgada la operación. Entonces el interrogante es si los portaaviones son una rémora del pasado que se mostrará ineficiente en una guerra moderna. Países como China podrían usar también la táctica de saturar las defensas antiaéreas combinadas de la flota y terminar con la aventura militar.

La Línea Maginot había sido ideada por los franceses como algo inexpugnable para detener un posible avance alemán sobre su país en caso de guerra, según las lecciones de la Primera Guerra Mundial, sin embargo rápidamente los nuevos conceptos de la Wehrmacht demostraron que era una estrategia errada, destruyendo fácilmente las defensas francesas. Lo que servía para 1900 no era útil menos de medio siglo después.

La estrategia militar de EE.UU. en base a una poderosa fuerza naval que pueda cerrar los abastecimientos de sus enemigos parece impracticable dado el nivel de desarrollo tecnológico de las potencias en juego. Esta estrategia pudo servir para derrotar un ejército como el de Saddam Hussein, numeroso pero con una enorme distancia con las tecnologías estadounidenses que estaban en su punto más alto, pero hoy sería peligrosa para enfrentar a las grandes potencia militares.

La única solución que ha hecho pública el Pentágono para evitar que sus portaaviones sean hundidos en minutos es crear un dron cisterna furtivo, conocido como MQ-25A Stingray, que permitirá extender el rango actual de combate de entre 800 y 1.000 km  de los cazas polivalentes embarcados F/A-18 Super Hornet y el F-35C Joint Strike Fighter, los más modernos de la marina, para poder enfrentar las bases de lanzamiento y alcanzar los objetivos fijados sin exponer dramáticamente a los portaaviones. Esta tecnología aún está en fase de desarrollo.

F/A-18 Super Hornet

 

Fin Parte I

 

 

 

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