Siria: La paz en el laberinto

Foto:AFP

El cese de hostilidades patrocinado por Rusia conjuntamente con Turquía e Irán, el inicio de las negociaciones entre gobierno y oposición armada en Siria con auspicio de la ONU, marcan un intento de resolución del conflicto sobre la base del respeto a soberanía e integridad del país. El proceso de pacificación revela un reordenamiento del poder en la región y se enmarca en los interrogantes que plantea la llegada a la presidencia de los Estados Unidos de Donald Trump.

  Por Adriana Rossi

 

El 31 de diciembre del 2016 el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas adoptó por unanimidad la resolución que respalda la propuesta de Rusia y de Turquía de cese de fuego en Siria, presentada el día anterior. Fue sobre tabla sin discusión, con la advertencia de que deben ser respetadas las distintas resoluciones de este organismo sobre la situación en Siria.

La propuesta está plasmada en la Declaración sobre el establecimiento de cesación de las hostilidades en el territorio de la República Árabe Siria[1] que contiene cinco documentos. En ellos Rusia y Turquía -que reivindica su rol en la evacuación pacífica de Alepo este[2]– enumeran las razones del cese de fuego, tales como detener la violencia y el derramamiento de sangre de la población civil y proporcionarle la ayuda humanitaria, tema en el que la ONU hizo hincapié en la resolución,  y sobre todo crear las condiciones para un diálogo directo en busca de una salida al conflicto. Rusia propone un alto de fuego a partir de las 00.00 horas del día 30 de diciembre en todo el territorio nacional, salvo en las zonas en manos de la yihad islámica, es decir del Estado Islámico, Daesh, y de los grupos aglutinados en el Frente Al-Nusra o Fateh Al-Sham, el Al-Qaeda sirio, excluidos de la Declaración.

Todos los beligerantes tienen la obligación de suspender cualquier tipo de ataques y conquista territorial. El uso de la fuerza sólo está contemplado en caso de legítima defensa y debe ser proporcional. Se pide adhesión a la declaración a todos los Estados que tienen influencias sobre las partes en conflicto. Se prevé la formación de comisiones, una mixta para dar cuenta a los garantes del acuerdo, Rusia y Turquía, de la aplicación del cese de fuego, para que tomen las medidas adecuadas en caso de violación, y dos comisiones más, una gubernamental y una de la oposición, para emprender el diálogo y llegar a un acuerdo político y a una solución integral y pacífica al conflicto. Solución que deberá respetar soberanía e integridad territorial.

El cese de hostilidades entró en vigencia a las 00.00 horas del día 30 de diciembre en todo el territorio nacional salvo las zonas controladas por la yihad islámica. Adhirieron 13 grupos armados con un total de 60.000 hombres. Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña, los grandes excluidos del acuerdo y que son parte de la Coalición Internacional contra el Estado Islámico[3], lamentaron que no se dieran a conocer los nombres de los grupos de la oposición armada que firmaron la declaración y criticaron el acuerdo por tener mucha zonas de sombra, como afirmó el embajador adjunto de Francia ante la ONU.

 

Fuente: http://www.aljazeera.com/indepth/interactive/2015/05/syria-country-divided-150529144229467.html  
Mapa de las fuerzas desplegadas en Siria. (Aclaración ISIL es Daesh)

Una paz elusiva

Mientras se pergeñaba el acuerdo de cese del fuego y durante su aplicación hubo una serie de acontecimientos tendientes a sabotear la iniciativa y que tuvieron como blancos a Turquía, Rusia y Siria.

Turquía

El 19 de diciembre en Ankara fue asesinado el embajador ruso en Turquía por un policía turco que clamaba venganza por Alepo, la ciudad mártir de Siria. Fue exactamente el día anterior a la reunión en Moscú entre los cancilleres de Rusia, Turquía e Irán[4]. El gravísimo hecho podía haber provocado una ruptura diplomática entre los dos países. Ésta no se produjo y los representantes del gobierno turco asistieron a la reunión de la que salió la Declaración de cese de hostilidades.

La noche de Año Nuevo Estambul fue sacudida por un atentado a tiros en una discoteca frecuentada mayoritariamente por extranjeros, que dejó un saldo de 39 muertos y 69 heridos. Quien lo cometió fue un profesional muy bien entrenado en el uso de armas. El Estado Islámico se adjudicó el hecho.

Los dos acontecimientos alimentaron la teoría de la conspiración. El gobierno de Erdogan apuntó a Occidente, sobre todo a los Estados Unidos y en especial a la CIA indilgada de estar detrás de los atentados como respuesta al acuerdo de cese de hostilidades. Ya unos días antes el régimen turco había acusado a los Estados Unidos de apoyar a Daesh y a los combatientes kurdos en contra del gobierno de Ankara.

Rusia

El 22 de diciembre el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos profundizó las sanciones económicas en contra de Rusia decretadas  desde el 2014 como respuesta al conflicto ucraniano y a la anexión de Crimea por parte de este país. El 29 de diciembre respaldándose en un decreto que amplía los poderes presidenciales en caso de ataques cibernéticos que interfieren en procesos electorales, el presidente Obama dispuso la expulsión de 35 diplomáticos rusos acusados de pertenecer al servicio de inteligencia, el bloqueo del acceso a instalaciones utilizadas por la embajada rusa en Washington, como represalia por la supuesta intromisión en la campaña presidencial que habría favorecido al candidato republicano Donald Trump.

El presidente Putin bloqueó posibles represalias para no llegar a niveles de “diplomacia irresponsable”, como él mismo las definió, reservándose igualmente el derecho a réplica y a la espera de la llegada a la Casa Blanca de Trump, muy contrario a las sanciones conminadas contra Rusia.

En medio de todos estos acontecimientos se produjo una amenaza de bomba en el metro de Moscú el 26 de diciembre.

Siria

El cese del fuego no ha sido respetado en más de una ocasión, pero un hecho por fuera del cese de hostilidades interno se produjo el 13 de enero, cuando el aeropuerto militar Mezze en las cercanías de Damasco fue alcanzado por misiles lanzados por Israel aparentemente para impedir que se transfieran desde Siria armas a Líbano para la milicia de Hezbollah. El ataque, aunque no ha sido el primero, complica más aún el escenario, por la intervención de un país que apuesta a la caída de Al-Assad y el advenimiento de un gobierno en manos de la actual oposición. Ésta habría hecho llegar una propuesta al gobierno de Netanyahu, que permitiría entablar negociaciones y posibles alianzas, que ampliaría el área de influencias de Israel en la zona de Medio Oriente.

Estos acontecimientos en su conjunto evidencian que en el complejo escenario de la guerra en Siria existen actores que persiguen objetivos que difieren de aquellos planteados en la Declaración de cese de hostilidades y que apuntan a la derrota del presidente Al-Assad y a la partición del territorio bajo distintas esferas de influencia, temas que han surgido con frecuencia en los estamentos de la administración estadounidense.

Las negociaciones en Astaná

A pesar de todos estos sucesos, de las dificultades en la aplicación del cese de fuego, del hecho de que haya unas 20  localidades cercadas por las tropas gubernamentales y 2 por las milicias de la oposición y que, por lo tanto, la ayuda humanitaria prevista no llegue; el 23 de enero se reunieron en Astaná, la capital de Kazajistán los representantes de las partes involucradas en el conflicto.

Participaron Rusia y Turquía de conductores y moderadores, además de Irán que a pesar de no tener un rol de copartícipe directo en el conflicto, sino a través de Hezbollah, hizo pesar su presencia. No tomó parte de las labores que tuvieron que desarrollarse mayormente por grupos y a puertas cerradas por las tensiones, desencuentros, acusaciones mutuas, pero terminó con firmar el documento final del encuentro y será contralor y garante con Rusia y Turquía del cese de fuego.

Naciones Unidas estuvo presente con un observador y asumió el rol de moderador en un momento de fuertes tensiones.

Durante las sesiones se discutió un documento técnico muy preciso sobre las líneas de los frentes para la aplicación del cese de fuego, sobre el cual hubo acuerdo. A pesar de ello, la oposición en bloque conformada por los 13 grupos que por primera vez se sentaban a una misma mesa de negociación con el gobierno, no firmó el documento, así como los representantes de éste. Se interpusieron, según la oposición, la arrogancia del poder damasceno (el embajador sirio ante la ONU se dirigió a los grupos opositores definiéndolos “bandas de terroristas”), además de la disputa sobre Wadi Barada[5], la presencia de Hezbollah, la intransigencia de Irán y una serie de problemáticas que no han sido abordadas como se esperaba.

A pesar de ello la fecha para un nuevo encuentro fue fijada para el 8 de febrero en Ginebra bajo los auspicios de la ONU. A esta convocatoria no adhirieron los grupos alzados en armas, salvo los kurdos, por lo tanto se estima que la reunión será postergada para fines de febrero. La ONU aboga para que la reunión se concrete sin condicionamientos previos de ninguna de las partes.

Interrogantes e incógnitas

Vuelven de esta manera las sombras sobre una crisis que parecía haberse encaminado hacia una posible aunque trabajosa y lejana resolución y surgen interrogantes e incógnitas.

Las incógnitas son sobre el futuro de Siria y los interrogantes vierten sobre el rol de Rusia en el área, la formación de un polo de poder aglutinador encabezado por Rusia acompañada por una Turquía en su alejamiento de los antiguos aliados -Estados Unidos y Occidente-, y por Irán, país con un peso específico en ascenso temido por muchos en la región, como por ejemplo Arabia Saudita e Israel.

Otra incógnita en este reordenamiento del poder son los Estados Unidos con su nuevo presidente. Donald Trump y Vladimir Putin están encaminados a acercar posiciones sobre algunos temas, uno de los cuales es la lucha contra los grupos de la yihad islámica a llevar adelante en Siria y en otros países en la que se apoyarían mutuamente.  Estados Unidos ya han tomados medidas militares bombardeando supuestas posiciones de Al-Qaeda en Yemen. Las bombas cayeron sobre una mezquita, una escuela y una cárcel. Entre los muertos niños y mujeres. Luego vino el decreto para supuestamente impedir la entrada a los Estados Unidos de terroristas que llegarían desde distintos países africanos y mediorientales. Dentro de ellos Irán, que es aliado de Rusia y que reaccionó de inmediato amenazando represalia. Las tensiones entre los dos países parece no afectar las relaciones entre Rusia y Estados Unidos, sin embargo la situación se presenta algo anómala, ya que los Estados Unidos avizoran a Irán como la gran amenaza y si no hay un cambio de rumbo, Trump pretende barrer con la política de entendimiento sobre lo nuclear inaugurada bajo la presidencia Obama y que traería más tensiones en un escenario donde a la inestabilidad y a la volatilidad se suma la incertidumbre. Ésta también se extiende a las relaciones con Israel, marcada por un fuerte apoyo a la política de Netanyahu. Durante la campaña presidencial Trump afirmó que su gobierno iba a trasladar la embajada de Tel Aviv a Jerusalén, una mecha prendida en el polvorín de las relaciones israelíes-palestinas, que, a pesar de las insistencias del líder israelí, que además pide mano dura con Irán, ha sido por el momento congelada.

Volviendo al proceso de paz en Siria, la pregunta es cómo se verán afectadas las futuras negociaciones por las nuevas situaciones que se están planteando, considerando además el apoyo estadounidense a la oposición y el objetivo de alejar del poder a Al Assad durante el período de la administración de Obama. El actual vuelco, determinado por la sintonía ruso-estadounidense, con una Rusia que en cambio siempre ha sostenido al gobierno sirio, plantea posibles otros escenarios. Por el momento Estados Unidos planearía intensificar su presencia en Siria para luchar contra el Daesh, apoyando a sus aliados tradicionales, lo kurdos, algo que Turquía quizás no apreciaría demasiado, sin tomar iniciativas respecto a la presencia en el gobierno de Al Assad, lo cual podía no caer bien a parte de la oposición llamada a negociar a partir de la reunión en Astaná.

[1] El texto en español de la Declaración está disponible en http://www.voltairenet.org/article194801.html

[2] Las milicias opositoras y sus familias fueron trasladadas pacíficamente a la ciudad de Idlib, rocafuerte de las fuerzas antigubernamental, sin que se procediera a detenciones, desapariciones forzadas y asesinatos.

[3] De la Coalición encabezada por los Estados Unidos participan Arabia Saudita, Qatar, Australia, Francia, Gran Bretaña, Jordania, Emiratos Árabes Unidos y la misma Turquía, entre otros. Se conformó en el 2014 y está interviniendo en Irak, aunque algunos países han extendido sus operativos a Siria.

[4] Al conflicto en Siria participa la milicia chiita libanesa de Hezbollah, que responde al gobierno de Irán y que es aliada del presidente Bachar Al-Assad.

[5] Wadi Barada es la cuenca hídrica ubicada a 20 kms. de Damasco que provee de agua a la ciudad. Según el gobierno sirio grupos de la yihad islámica se habrían infiltrados en la zona y habrían contaminado el agua con diésel y volado los canales de suministro el 24 de diciembre. Alrededor de 5,6 millones de personas quedaron sin el líquido vital, lo cual constituye de acuerdo al derecho internacional un crimen de guerra y un crimen de lesa humanidad. El gobierno reaccionó militarmente y la oposición amenaza con no dejar realizar los trabajos para activar el suministro, si el gobierno no cesa las acciones militares. Actualmente las fuerzas gubernamentales lograron ocupar el lugar.

 

 

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