El próximo G 20 ¿Un punto de inflexión?

La bipolaridad del poder mundial, que parecía haber quedado atrás después de la caída del socialismo soviético, parece que se ha impuesto de nuevo principalmente en torno al eje chino ruso que está generando fuertes vacilaciones y contradicciones en el bloque occidental de posguerra. El G 20 talvez nos dé más elementos para valorar este juego de fuerzas global en el que “occidente” parece que lleva las de perder.

Por Mariano Ciafardini

 

En un mundo atravesado por una partición política binaria, que se podría esquematizar sociológicamente entre incluidos y excluidos, pero que en realidad refleja el fraccionamiento de igual naturaleza anunciado ya en 1848 entre el trabajo y el capital, todos los realineamientos políticos coyunturales, por más complejos y diversos que parezcan, tienden hacia uno de los polos de esa binariedad.

Parece que a pesar de toda el agua que ha corrido bajo los puentes desde la época bipolar por excelencia de la guerra fría,  la tendencia a la polarización continúa. Y por qué no habría de ser así si la contradicción principal  “biopolítica” sigue sin resolverse.  Ya está quedando bastante claro que en el mundo no hay tres, cinco o cientos de centros de poder paralelos de la misma intensidad a nivel global, sino que son nuevamente solo dos.

El primero, es el proyecto nacido a mediados de los 80 con el resurgimiento del neoliberalismo de un sesgo marcadamente financiero y que se confundió desde un principio con el término globalización. Expresión que no es exacta porque la misma implica un proceso mucho más complejo relacionado con el desarrollo de las fuerzas productivas y las formas de producción, comercialización y acumulación del capital con grandes transformaciones en la estructuración del sujeto histórico del cambio.

Este es el proyecto financierista que hace pivote en Wall Street y  la City de Londres encarnado en   grandes corporaciones bancarias como el “City Group”, toda la banca Rotschild, el banco Santander, el HSBC y algunas otras grandes entidades financieras, cuya estrategia es la de condicionar la producción en conveniencia a un mayor y más rápido retorno de la renta financiera. Aunque ello implique una producción irracional, superflua de consumo inducido por la propaganda, totalmente coyuntural,  sin planificación alguna  y que corre hacia delante sin saber, es más, sin interesarse por saber a donde lleva esta huida hacia el futuro con alta dosis de apuesta y especulación.

Este “proyecto” apunta  a  una matriz geográfica de grandes ciudades, centros lujosísimos implantados a lo largo y ancho del globo, principalmente en ciudades capitales, con importantes infraestructuras y tesoros artísticos invaluables, convertidas en plazas financieras, nodos de una red global habitadas por hiper-ricos, por clases medias acomodadas, y por supuesto, con necesarios  comandos de fuerzas de élites policiales o militares que garanticen la seguridad.

Fuera de las murallas de estos centros de la vida a full,  se encuentran centros fabriles automatizados y rigurosamente controlados en un primer cordón  de segmentariedad  de la especialización del trabajo. Y luego la gran llanura de ilotas supervivientes, excluidos incluso de un trabajo agrario altamente tecnificado y  automatizado con poca  necesidad de mano de obra. Masas destinadas a un maltusianismo regulatorio demográfico a partir de la eliminación física para la que ya va preparando  las conciencias la usina ideológica de Hollywood con la moda de los “zombies” y los muertos vivos.  Es decir, personas que se pueden matar (o dejar morir)  sin mayor remordimiento porque, en realidad, ya están muertos.

Frente a ese proyecto, y a partir  de un fenómeno que se inició  como parte indispensable de  la estrategia neoliberal antes descripta,  de relocalización  y tercerización de la producción para lograr la  gran acumulación de capital nunca vista en la historia humana, se fue desarrollando otra propuesta. Primero subsidiariamente, pero luego fue adquiriendo autonomía hasta constituirse, a partir del inicio del milenio, como eje alternativo contrapuesto al neoliberalismo financierista. Esto sucedió  en  países que fueron denominados “emergentes”, como China principalmente, que en efecto, emergieron en forma industrial tan velozmente que  pasaron los límites de la subsidiariedad que se suponía que no debían superar.

Es decir que el propio sistema capitalista, hoy neoliberal, a partir de la inevitable contradicción que lo atraviesa ha creado su propia alternativa, tal y como ya lo afirmaba Marx en 1848. Esta alternativa  se ha desarrollado en forma de un proyecto  que, en términos clásicos de los usados en los siglos XIX y gran parte del XX, se podría llamar también capitalista y de mercado, pero  puesto a funcionar en este momento histórico del capitalismo paradigmáticamente financiero,  se ha convertido en una traba, un escollo, algo que hace entrar en cortocircuito a la expresión real del capitalismo actual que es su expresión financiera pura y dura.

Ensayando un punto de vista pretendidamente hegeliano, podríamos decir que no hay  nada más subversivo para un sistema que se está desarrollando en sus ritmos históricos  que confrontarlo con sus formas del pasado, pues estas ya nunca  son, ni pueden ser las mismas formas exactas de antes en tanto que  adoptan, por necesidad dialéctica, un aspecto de síntesis entre elementos positivos del pasado y lo sincretizan con una perspectiva futura que niega el sistema actualmente imperante. Estas perspectivas que se hallan presentes en la nueva alternativa que ha surgido desde los “emergentes”, contiene ni más ni menos que elementos nodales de  las prácticas  de la planificación, la industrialización y la cooperación internacional; enemigos jurados  de la esencia del capital financiero.

De hecho, políticamente el mundo se ha configurado así: China, Rusia, la Organización de Cooperación de Shangai y los Brics por un lado y los poderosos sectores del capital financiero ya mencionados por el otro. Estos manejan los servicios secretos, dominan poderosos sectores de la política y las FFAA de EEUU Europa Occidental y otros países del mundo.

Los choques directos entre estas dos fuerzas mundiales se ven en Siria, en Ucrania, en el mar de la China y también en América Latina, donde situaciones como las de Venezuela o Brasil revelan finalmente esta tensión bipolar. Pero además, en el mundo “desarrollado” se sienten impactos que parecen indicar que la que está avanzando día a día,  en un complejo camino de idas y venidas con saldos medibles, es la opción alternativa de un programa industrialista de construcción de una gran infraestructura de comunicación mundial  y de incentivación del comercio en el marco de una planificación de complementariedades que, aunque aún muy general e incompleta y con contradicciones, promete ir desarrollándose.

Hoy por hoy, aquel programa recibe el nombre de Ruta de la Seda e integración Euroasiática, y en nuestro ámbito, el de Integración Latinoamericana y del Caribe,  aunque la región esté atravesando un momento de convulsiones gravemente desestabilizantes del proyecto.

Los síntomas del impacto que presenta el impresionante proceso de este plan alternativo en el “mundo desarrollado”, se ven, sin ir más lejos, en el hecho de que Trump  haya ganado las elecciones en los EEUU y sea su presidente. Ello, más que cualquier otra cosa, representa la imposibilidad del grupo financiero globalizador de imponer su candidata en el corazón mismo de ese gobierno. El actual presidente estadounidense destruyó el equilibrio de las relaciones con la UE y especialmente con la Alemania de Merkel que constituía el eje político internacional de ese proyecto.

Otro ejemplo es el “Brexit” que altera nada más o nada menos que al segundo centro de la estrategia neoliberal financierista: la City de Londres, y por si fuera poco, los principales gobiernos aliados de esa estrategia, es decir, los países usurarios de la Unión Europea. Alemania y Francia, se encuentran en una crisis crónica temiendo todos los días que no caiga en cadena el sistema bancario italiano, lo que haría que la crisis griega pareciera un simple problema de caja.

Hecha esta descripción somera del panorama mundial existente, debe decirse que todos estos actores van a encontrarse cara a cara  en la ciudad alemana de Hamburgo el próximo 7 y 8 de julio.

El G 20: una historia significativa y sugestiva

En la década de 1970 los países capitalistas más poderosos (Alemania, Canadá, EEUU, Francia, Italia, Japón y Reino Unido), crean el G7 para hacerse fuertes y limar las asperezas de la crisis del petróleo. Cuando el avance del neoliberalismo atropellaba como locomotora, se incluyó a una Rusia devastada, corrupta y entregada de pies y manos a los grupos financieros por el gobiernos de Yeltsin en 1999 y se forma el grupo de los 8 que tenía su antecedente en el grupo de los 7 + Rusia. En ese mismo año, con la crisis de los “Tigres Asiáticos”, se produce la primera advertencia seria sobre el rumbo de la tan triunfante -hasta entonces- globalización. Cuestión que llevó a un inicial gesto de temor y prudencia que impulsó a pensar en un grupo ampliado que incluyera, ya no sólo a Rusia, sino a países emergentes que crecían a tasas mucho más elevadas que los “desarrollados”, principalmente a China.

Pasado ese primer susto, la situación quedó en un cierto stand by hasta que la crisis del 2008  obligó al stablishment capitalista occidental  financierista, sobre todo a EEUU y la UE a reconocer que no se podía seguir sin retomar sistemáticamente la reunión de los 20 que desplazó en importancia al G8 original y a uno ampliado, que llegó a funcionar  en algún momento. Desde entonces la alianza chino-rusa (país este último que en el 2000 hizo un giro radical desde el entreguismo humillante de Yeltsin al nacionalismo en marcha de Putin), comenzó a tallar fuerte en el G 20. Llegó a hacerlo a tal punto que hasta en el Foro de Davos  de enero 2017,  donde están  todos los miembros del G 20 junto a muchos otros grupos e instituciones, fue el presidente Xi Jinping quien abogó por el libre comercio mundial, criticó del proteccionismo y se convirtió en la voz cantante de la reunión.

Pero el precedente más indicativo de lo que va a ocurrir en el G 20 este 7 y 8 de julio en la cumbre de Hamburgo, se puede rastrear en el relanzamiento realizado en mayo de este año del proyecto de la Ruta de la Seda en el Centro Internacional de Convenciones de Beijing. Acto que contó con la presencia de más de cien mandatarios de todo el mundo  y una delegación de primera línea de los EEUU.

A pesar de toda la gesticulación belicista de Trump y de ciertas acciones provocadoras que responden seguramente a la presión del complejo militar industrial que lo sostiene (hay que entender que él no pertenece al riñón de ninguno de los grupos financieros que se enfrentan en los EEUU, por lo que su situación política es muy precaria), existen señales llamativas en su gobierno. Por un lado, el hecho que el 22 de junio el funcionario de mayor jerarquía en la política exterior de China, Yang Jiechi, se reunió con el presidente Trump, quien dijo que Estados Unidos está dispuesto a cooperar en proyectos relacionados  con la iniciativa de la ‘Franja y la Ruta’.

Los días 20 y 21 de junio se llevó a cabo en Beijing el “Noveno Diálogo Oficial Estados Unidos-China de Alto Nivel”, copatrocinado por la Cámara de Comercio de Estados Unidos y el Centro de China para el Intercambio Económico Internacional. Al final se emitió una Declaración Conjunta en la que se señaló que “ambas partes coincidieron en que los dos países pueden participar en cooperación plena bajo la iniciativa de la ‘Franja y Ruta’ y a través de diversos otros medios”. Ambas partes acordaron realizar una conferencia conjunta sobre el tema dentro de los próximos doce meses.

Más de 200 funcionarios del gobierno chino y estadounidense se reunieron en San Francisco, California, junto con representantes de compañías de infraestructura, en el Foro de Cooperación en Transporte EU-China 2017, en donde el cónsul general de este último, dijo que “la cooperación entre China y Estados Unidos en el frente de la infraestructura está lista para convertirse en el nuevo hito en la participación comercial entre los dos países”.

En Detroit Michigan, más de 3000 participantes llenaron el Centro Cobo el pasado 20 y 21 de junio en la conferencia patrocinada por el presidente de la compañía china de comercio internacional Ali Baba, Jack Ma. El vicegobernador del estado de Michigan, Brian Calley, dijo durante su intervención en el acto, que el comercio con China “es la situación tradicional en la que todos ganan”. Por su parte, Ma le dijo a los asistentes: “Si se pierden China, pierden el futuro”.

Todos los informes indican que el Presidente Trump espera tener una reunión bilateral oficial con el Presidente Putin el 7 de julio durante la reunión del G20 en Hamburgo; no un mero “encuentro casual” al margen de la reunión, sino una verdadera cumbre, y también sostener una cita similar ahí mismo con el Presidente de China, Xi Jinping. La prensa británica como los diarios Independent y Telegraph de Londres, se muestran muy consternados ante esos informes (que comenzó a difundir inicialmente la agencia Associated Press), por el temor de que Trump y Putin puedan tomar decisiones sobre cooperación, como hicieron Trump y Xi en Mar-a-Lago.

Por su lado Merkel, quien después del fracaso de Hillary y del Brexit inglés se ha transformado en la voz cantante del proyecto financiero mundial globalizador, recuperando un poco los alicaídos ánimos con el triunfo de Macron, representante de la banca Rothschild, está preparando una alianza entre todos sus adláteres europeos  para hacer frente a esta posibilidad de acuerdo  Trump- Putin- Xi,  atacando fundamentalmente a Trump y a Rusia. Todo ello indica un escenario de fuerte enfrentamiento del que puede salir a la realidad un escenario todavía medio oculto en el que se advierta ya más claramente que el proyecto Chino- Ruso- tercermundista es el dominante en el juego de fuerzas globales.

OGEOC

Un comentario en “El próximo G 20 ¿Un punto de inflexión?

  1. No que estoy completamente convencido es que se hace de vital importancia que el cambio a un nuevo orden mundial es de mucha necesidad para cambiar el destrozo q ha hecho el capitalismo neoliberal,de lo contrario el mundo caerá en un caos total.

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