Elecciones en EE.UU. Los síntomas de un cambio de época

Las elecciones en Estados Unidos: un hecho, dos miradas. Análisis de Adriana Rossi y Mariano Ciafardini

Por Mariano Ciafardini

Para analizar correctamente el resultado de las elecciones en EEUU  creemos que es más preciso fijarse  primero en quién perdió que en quién ganó. Visto así, el triunfo de Trump es el síntoma más evidente de que  se quebró el espinazo de la globalización neoliberal, etapa final del capitalismo y, por ello, cruje la columna  vertebral  de todo el capitalismo realmente existente en nuestros días.

No pensamos estar exagerando si decimos que estaríamos entrando  a una transición histórica  en la que, a poco andar no sabremos cómo llamar exactamente al modo de producción y apropiación en el que estemos viviendo,  pero de seguro ya no podrá  hablarse lisa y llanamente de capitalismo, al menos en lo que ello significa en términos marxistas.

Globalización neoliberal es lo contrario de proteccionismo y de industrialismo. Es desregulación casi total y el financierismo (esto significa: las finanzas no al servicio de la producción –capitalista o imperialista- sino la producción  en función de la renta financiera capitalista global).

Trump expresa a poderosos grupos económico-políticos que se han puesto en contra de esta dinámica porque no les queda otra alternativa. No es, entonces que sus anunciadas propuestas económicas, se traten de meros slogans de campaña. Van a intentar realmente un gran cambio en la estrategia de EEUU como país, como bloque político económico con pretensiones hegemónicas. No es necesario aclarar el impacto que esto va a tener en el resto del mundo.

Como decimos,  más  que pensar centralmente en quien ganó debe pensarse en quién (y qué)  fue derrotado. La derrotada fue Hillary que representaba la continuidad de la globalización para pocos y quien la derrotó no fue puramente Trump, ni siquiera puede considerarse como el principal victorioso al electorado de desocupados, semi-ocupados o precarizados,  trabajadores industriales del anillo de los grandes lagos. Aunque el sentido en que votó la clase obrera industrial norteamericana, o lo que queda de ella, no deja de ser significativo.

No, los principales vencedores, quienes le propinaron la paliza a la “hillaryzación” financiera terrorista global, fueron los pueblos del mundo. Ese sujeto histórico que con tanta desesperación buscan tantos izquierdistas melancólicos. Ese sujeto  que como “topo” está siempre cavando aunque no lo vean  y que ha destruido ahora  irreversiblemente los cimientos del sistema y ha “dado por tierra” con  la eternidad de utilería del capitalismo que “siempre se recicla”.

Intentemos una descripción sintética  de lo que ha pasado en realidad.

Detrás de la ágil frescura de la imagen de Obama y de la de su familia televisiva, se escondió, durante sus mandatos la más perversa de todas las estrategias de dominación del capitalismo. El plan globalizador siempre fue transformar el mundo en una red de centros financieros tipo Londres o Nueva York, esparcidos a lo largo del planeta, sin importar de qué país se trate. En torno a cada uno de esos nodos se agolparía la oligarquía financiera y una cada vez más escueta clase media, protegidos, todos ellos, por legiones de desclasados a sueldo y apoyados por unos no muy numerosos “staffs”  de administradores y profesionales y equipos tecno-científicos. El resto de la humanidad (es decir no menos de seis mil millones de personas) se agolparían en torno de estos centros en círculos concéntricos de “Ilotas” de distintas categorías. Repetimos, cualquiera sea el país de que se trate, es decir sean países centrales o periféricos, industrializados o no, lo que incluye, especialmente, a los EEUU de Norteamérica y Europa Occidental.

Así se venía diseñando el “nuevo mundo” de la globalización ya aceleradamente desde  Bill Clinton, y a ello era a lo que debía dar continuidad Hilary. Pero a ello se opuso un nuevo (y el mismo) sujeto histórico.

Veamos cómo ha sido este proceso  de reconfiguración del sujeto histórico en la globalización.

El capitalismo, aun antes de adoptar su forma “new age”  globalizadora y financierista, había empezado a dar muestras de su finitud. Ya  E. Mandel había visualizado su decrepitud  con sus análisis sobre lo que llamó capitalismo tardío en los 70, pero hoy queda más en evidencia que nunca que estamos ante su decadencia  y su final. El capitalismo comercial duró desde sus comienzos en el siglo XIV hasta el XIX, unos 500 años, el capitalismo industrial denominado imperialismo que lo sucedió duró aproximadamente 100 años desde fines del XIX hasta fines del XX.

La tercera y última estrategia desesperada de reciclamiento ha sido como dijimos, la globalización financiera, a la que nos venimos refiriendo, pero ha durado “apenas” unos treinta años y ya está agotada. Y no  se percibe rastro alguno de alguna otra nueva versión.  Sólo se notan los manotazos perversos de acciones militares, disfrazadas de rebeliones democráticas, en el mejor de los casos y, ya desenfadadamente expuestas como apoyo directo a grupos terroristas sanguinarios, en el peor. Una de las principales involucradas en todo este lodazal geopolítico es precisamente Hillary Clinton quien ha llevado junto con Obama los niveles de cinismo a extremos nunca vistos antes en la historia de la humanidad.

Entre los hechos más notorios de que el capitalismo está condenado, como sistema, a desestructurarse y sucumbir, está  la aparición contundente, en la escena geopolítica y económico financiera internacional, de dos potencias como China y Rusia que no han hecho, en estos últimos años, más que proporcionarle fuertes derrotas económicas y militares al, perversamente liviano, globalismo de Obama y Hillary y sus socios ingleses (también golpeados por el Brexit como un pequeño adelanto de la  victoria trumpista).

Que los sistemas ruso y chino vayan a derivar en una nueva versión del capitalismo mundial es algo que está en principio en el plano especulativo, pero  parecería muy difícil y contradictorio en el marco de un análisis más profundo e integral. Su rol de opositores globales tanto a la estrategia neoliberal de las “cities”, como a cualquier tipo de neo hegemonismo, parece estar impulsándolos más y más a posiciones antifinancieristas, a nivel internacional, oponiéndole grandes proyectos productivos y comerciales como la Ruta de la Seda, y hacia posiciones anticapitalistas, a nivel de sus políticas internas, al reconocer lo imprescindible del desarrollo de sus pueblos y de  la elevación del nivel de vida, sin exclusiones, como parte de su estrategia económico política, aunque es cierto que deberán resolver sus propias contradicciones interiores en este sentido.

Estos sistemas nacional-continentales no surgieron por generación espontánea. Son el resultado de la rearticulación interna de sus propias fuerzas populares en los complejísimos momentos del paso del capitalismo imperialista al capitalismo de la globalización financiera. Fue la tremenda experiencia de lucha y resistencia de sus pueblos durante el siglo XX la que permitió que ambas potencias se reciclaran en los actores mundiales que son hoy y no pasaran a ser tierra arrasada y colonizada por la estrategia globalista neoliberal.

Además (y esto también es demostrativo de su rumbo) esas fuerzas de naciones-continente se suman y articulan cada vez más con una gran resistencia de masas mundiales a la globalización, que se expresa por la multipolaridad y la autonomía de las naciones o su integración en regiones que no reproduzcan el neoliberalismo sino la cooperación y la complementariedad global.

Es este gran sujeto histórico de la globalización, conformado  por personas, movimientos, partidos, asociaciones e, incluso, en algunos casos principalmente, proyectos nacionales y continentales que ejercen el gobierno y el poder de sus países en contra dela deriva neoliberal y las artimañas de los Obamas, Hillarys, Blairs, Camerons,  etc., el que produjo, en realidad, la derrota de la Sra. Clinton, es decir de su proyecto de continuidad  y profundización de la globalización neoliberal de la red de “cities” financieras. Es este movimiento el que puso al descubierto su cinismo y su falsedades  y su involucramiento directo en el genocidio a que se está sometiendo a los pueblos en Medio Oriente con la estrategia del caos de la que es principal impulsora.

No nos confundamos, Hillary perdió contra la resistencia mundial de los pueblos a la globalización capitalista, y parte de ese gran movimiento es la clase trabajadora norteamericana, aunque se mezclen irracionalmente entre sus ideas discursos xenófobos o raciales, manipulados por el oportunismo electoral. Que esto lo haya aprovechado el grupo imperialista rezagado  para ajustar cuentas con sus adláteres globalizadores y haya impuesto a Trump es otro tema,  que está en un plano secundario, aunque no por ello, está claro, poco importante.

Está claro también, que Trump no es una casualidad o el éxito electoral de un “outsider” que se financió por sus propios medios y supo leer inteligentemente los deseos de gran parte de la población norteamericana. Eso es una ingenuidad. No es posible ser presidente de los EEUU  (y comandante en jefe de sus FF.AA.) sin un apoyo de al menos un sector del poder global  Y ese sector es en este caso, como ya dijimos, el grupo imperialista“rezagado”, vinculado a la banca más atada al mercado interno norteamericano y a importantes  ámbitos del viejo complejo militar industrial. ¿O acaso alguien supone que el FBI va a denunciar a la principal candidata a la presidencia, en el tramo final de la definición electoral  porque simplemente “está cumpliendo con su deber”? Eso no lo hace ningún jefe del FBI sino es parte y está jugando el partido del poder con uno de los bandos  principales (y, en este caso, ahora lo sabemos, con el bando que más posibilidades tenía en la coyuntura). Este grupo rezagado del capitalismo global ha aprovechado, como ya dijimos, su oportunidad coyuntural. De todos modos el intento de “volver a los años dorados de la posguerra”, que pareciera ser el objetivo de quienes están detrás de Trump, aunque contenga destellos de racionalidad, frente a la locura desenfrenada del grupo hegemónico  globalizador, no deja de ser tan irracional como su ad-later y ello se pone en evidencia cuando uno intenta responder a la pregunta: ¿cómo va a hacer Trump para cumplir con sus promesas de reindustralización  de los EEUU y recuperación de los niveles de vida de sus trabajadores?

Pero, insistimos en  que no debe perderse de vista que ha sido  y es el esfuerzo de los pueblos y la izquierda mundial lo que  está impidiendo que la última versión del capitalismo siga avanzando. Su expansionismo militar se empantanó en Afganistán e Iraq, en  Siria está siendo directamente derrotado, su plan ucraniano fracasó, sus leoninos tratados oceánicos son cada vez más rechazados, su estructura financiera y monetaria  se debilita y aparecen con fuerza planes globales alternativos.

En  lo que respecta a América Latina, aunque se han sentido los golpes de un intento de contraofensiva desesperada del Departamento de Estado  y la CIA obamianos, Nicaragua, en la que el Frente Sandinista acaba de ganar las elecciones con más del 70 %, está construyendo  un canal inter-océanico con participación china, en las narices del imperio, por el que podrán pasar mega buques mercantes y portaaviones. Venezuela resiste, Cuba, a la que quisieron  sobornar, se mantiene cada vez más digna, Ecuador,  El Salvador y Bolivia prosiguen con sus proyectos autónomos, hay posibilidades del regreso de Lugo al gobierno de Paraguay y El frente Amplio prosigue con su gestión de más de diez años en Uruguay. Por otro lado, los gobiernos de Macri y Temer  muestran, aceleradamente, las nefastas consecuencias de querer regresar a la senda neoliberal.

Todo ello también influyó para poner en descubierto la hipocresía Obama –Hillary pero, sobre todo, para mostrar al mundo, y en este caso especial al pueblo norteamericano, que ya nada bueno puede esperar pueblo alguno del proyecto que se inició a partir de Reagan- Bush, Clinton y  Tatcher-Major-Blair. No debe olvidarse que muchos demócratas que habían seguido a Bernie Sanders, un liberal que compartía muchas de las propuestas económicas de Trump, decidieron finalmente no votar por nadie, y que la mala imagen de Hillary llego alcanzar más del 60%.

La derrota de Hillary es un triunfo histórico de los pueblos, Trump es, en todo caso,un efecto inevitable y en cierta medida impredecible, pero preferible a lo que hubiera significado la continuación de la globalización financiera pura y dura sin solución de continuidad. Habrá que ver muy atentamente cómo se desarrollan los acontecimientos a partir de ahora. Nadie dijo que todo esto iba a ser fácil pero se abre una inmensa oportunidad.

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