Conflicto en “el Mar de China”

Flota del Mar Meridional

Es uno de los puntos calientes de la geopolítica actual. Los múltiples intereses que allí confluyen pueden desembocar en una guerra que rápidamente alcance escala global. ¿Cuál es la trama  y qué hay detrás del conflicto?

Por Marcelo Ramírez

Antecedentes

Uno de los focos de atención en la geopolítica actual es el “Mar de China”. Este abarca la costa este de China, el sur de Corea del Sur, el suroeste de Japón con las correspondientes islas Ryukyu, Senkaku/Diaoyu en conflicto y el norte de Taiwán, junto al Mar de China Meridional, de unos 3,5 millones de km2, llega desde la costa sur de China hasta Singapur, comprendiendo las aguas de diez países: China, Taiwán, Filipinas, Vietnam, Camboya, Malasia, Brunei, Singapur, Tailandia e Indonesia.

Esta zona presenta un área de conflictos debido a una serie de factores políticos, militares y económicos. Seguramente el factor disparador visible es el económico,  más de la mitad de los veinte puertos de mayor tráfico del mundo se encuentran en esta zona, correspondiendo uno a Singapur, siete a China, uno a Taiwán, uno de Corea del Sur y uno a Malasia. Se estima que el 50% del tráfico de buques petroleros del mundo circulan por estos mares y se espera que el flujo aumente para el año 2035 hasta alcanzar el 90% de las exportaciones de combustibles fósiles desde Oriente Medio hacia Asia Oriental.

El Mar de China Meridional detenta una gran riqueza ictícola estratégica debido a que es una zona de reproducción de peces, posee también recursos minerales, guano e hidrocarburos abundantes de extracción compleja por su ubicación a grandes profundidades.

Esta zona tiene también una importancia estratégica en el plano militar, la cual se puede apreciar con mayor detalle si consideramos que en las proximidades se encuentra el Estrecho de Malaca, situado entre Malasia, Indonesia y Singapur, un paso estrecho que tiene 2,8 km en su punto más angosto, por el cual transitan en sus rutas comerciales más de 50.000 buques anuales.

La importancia del Mar de China Meridional se ha incrementado con los años debido al crecimiento extraordinario de Corea del Sur, Japón, China, India y otros países menores como Vietnam, cuyas economías dependen en gran medida de las rutas comerciales navales que atraviesan la región. China le asigna tanta importancia que la decisión de construir la Nueva Ruta de la Seda terrestre fue tomada, junto a otras razones, como una alternativa a un posible bloqueo naval de la zona en caso de conflictos militares que permitan estrangular la economía de ese país.

El archipiélago más destacado es el de las islas Spratly, llamadas en chino Nansha Qundao (Archipiélago Arenoso del Sur), en vietnamita Quan Dao Truong Sa (Largas Arenas) y en tagalo Kapaluan ng Kalayaan (Archipiélago de la Libertad). Estas islas son reclamadas por la República Socialista de Vietnam, la República Popular China, la República Nacional de China (Taiwán), por el Reino de Malasia, por el Reino de Brunei y por la República de las Filipinas.

La superficie de tierra firme es inferior a los 5 km² y se encuentra dispersa en un área marítima de 410.000 km². Las Spratley hoy han ganado notoriedad porque han sido objeto de un fallo de la Corte de  Arbitraje de La Haya a favor de la demanda de Filipinas sobre la zona en disputa. Beijing no había aceptado previamente ser sometido el arbitraje de esta Corte, basándose en que tiene una naturaleza diferente a la Corte Internacional de Justicia y del Tribunal Internacional de Naciones Unidas del Derecho del Mar, que dependen de la ONU.

La Corte Permanente de Arbitraje (CPA) o Tribunal Permanente de Arbitraje con asiento en La Haya es más antigua, originándose en 1899 con la Conferencia de la Paz de la Haya. Esta Corte no es un Tribunal en el sentido estricto del término sino una estructura diseñada para arbitrajes de conflictos entre países que deben aceptar voluntariamente participar en el arbitraje. La Corte de Arbitraje de la Haya no depende ni es vinculante con la ONU, razón por la cual China no está obligada a aceptar su fallo, desconociendo su alcance en consecuencia.

La situación amenazaba en transformarse en un punto de fricción considerable, varió rápidamente a raíz de los problemas surgidos entre Rodrigo Duterte, el presidente de Filipinas y su equivalente estadounidense Barak Obama. Obama había realizado críticas a las políticas de mano dura para combatir el narcotráfico por atentar contra los derechos humanos, algo que ha sido negado por Filipinas, respondiendo Duterte con un insulto que fue el comentario de los medios del mundo.

La situación entre los EE.UU. y Filipinas llegó a un distanciamiento que China aprovechó para fortalecer su posición en la zona gracias al inesperado giro del país asiático. China, que ya tenía cuantiosas inversiones en sus países vecinos, potenció sus políticas de inversiones en Filipinas y aseguró un nuevo aliado en la región, aislando a Vietnam en su actitud hostil contra China. Un  cambio geopolítico que grafica como China utiliza su poderío económico para aumentar su influencia.

Volviendo al  tema de las Spratley, la situación actual de facto le da una posesión a Taiwán a una isla y un arrecife de 0, 46 km²,  Malasia tiene a su cargo una isla artificial, cinco rocas y un banco de arena de 0,06 km², Filipinas siete islas y dos arrecifes de 0,84 km², China ocho atolones y Vietnam siete islas, dieciséis arrecifes y tres bancos de arena con un total de 0, 40 km². Dentro de esta subdivisión, cada país mantiene la soberanía sobre la Zona Económica Exclusiva que le corresponde en las aguas circundantes.

La disputa más importante en la zona es entre China, Filipinas, Malasia, Brunei y Vietnam, quienes superponen reclamos que incluyen las mencionadas Spratley y las Paracel, junto a decenas de islotes y bancos de arena.

Como siempre sucede en estos casos, cada país presenta argumentos jurídicos que considera sólidos para demostrar sus derechos, argumentos que por la complejidad de los mismos no son objetos de análisis de este trabajo. Sí, podemos afirmar que el reclamo de China es un área contenida dentro de lo que se conoce como “la línea de los nueve puntos”,  alegando que su derecho para este reclamo se remonta siglos atrás, cuando las islas Paracel y Spratly eran consideradas parte integral de China. En 1947 se publicó un mapa detallando sus reivindicaciones y en el 2012, incluyó estas islas como parte de sus “intereses nacionales básicos”.

El otro actor importante es Vietnam, quien a raíz de este conflicto ha acercado sus posiciones a EE.UU. y realizado maniobras navales entre las dos armadas, a pesar de lo cual sigue manteniendo una fluida relación con Rusia, heredada de tiempos de la URSS.

Vietnam, rechaza la versión histórica china en base a la falta de reclamos de China antes de los años 40 y esgrime documentación del siglo XVII en el que demuestra que su país ha ejercido su soberanía en las islas. Filipinas, el ex enemigo y actual amigo de China, invoca su proximidad geográfica como base principal de su demanda, mientras que Malasia y Brunei reivindican una parte que está dentro de sus zonas económicas exclusivas definidas en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar de 1982. Taiwán, la ex China nacionalista, superpone sus reclamos a los de China.

El archipiélago que sigue en importancia al de las Spratley es el de las islas Paracelso, que más que islas son un grupo de atolones en litigio entre Vietnam, Taiwán y la República Popular China. Con una superficie total de 7.75 km², esta zona es controlada completamente por Beijing desde 1974. La isla Woody Island, la mayor extensión terrestre del archipiélago, posee una población permanente de cerca de un millar de chinos, entre civiles (pescadores) y personal militar.

Durante la Segunda Guerra Mundial, más precisamente en el año 1943, se produjo la Declaración de El Cairo en donde Roosevelt, representando a  EE.UU., Winston S. Churchill por el Reino Unido y Chiang Kai Shek, por la China nacionalista, hoy Taiwán, acordaron que Japón al finalizar la guerra perdería todas las islas que había ocupado desde la Primera Guerra Mundial, los territorios chinos invadidos y que los mismos serían restituidos a China.

Japón había tomado el control de las islas Paracelso, que estaban en manos de Francia, argumentando que el país europeo había cedido las islas a China en 1900 y en 1921, siendo en consecuencia un legítimo botín de guerra. Esta declaración celebrada en El Cairo, fue ratificada posteriormente en la Declaración de Potsdam en 1945 y es la base que utiliza China para los reclamos en el Mar Meridional

Finalizada la guerra, Japón le reconoció en 1952 a la China nacionalista la posesión de las islas Spratly y Paracelso. Esta situación hay que enmarcarla en el inicio de la Guerra Fría donde el Gobierno de la República Popular China no era reconocido por la Naciones Unidas y si lo era el de la China (Taiwan). Las islas permanecieron en manos francesas hasta que fueron  cuando ocupadas por Vietnam del Sur, aunque sin el reconocimiento de los demás países que también reclamaban la soberanía.

La zona ya registra un antecedente de importancia cuando chocaron Vietnam del Sur y China cerca  del grupo Crescent, pertenecientes a las Paracelso, en la batalla que lleva el nombre de estas mismas islas en 1974. El saldo del enfrentamiento, en el que China recuperó las islas fue una corbeta vietnamita hundida y tres fragatas averiadas, junto a 53 bajas, contra cuatro corbetas chinas afectadas y 18 pérdidas humanas. Un último roce se dió en el 2014 con la presencia de la petrolera china CNOOC en las Paracelso con una plataforma flotante. La violenta reacción social en Vietnam contra ciudadanos y propiedades chinas terminó con la relocalización de la plataforma fuera del área en conflicto

La situación militar

En la actualidad, la República Popular de China ha aumentado la superficie de las islas que controla con rellenos artificiales, instalando bases militares en ellos. En una de las Spratley ha realizado una pista de 2.900 metros que le permitiría funcionar como una plataforma de donde operar la aviación china, un virtual portaaviones imposible de hundir.

Si bien china no cuenta con el poderío naval de EE.UU. si tiene la ventaja inestimable de estar cerca de sus costas continentales, de manera de apoyarse en el despliegue del portaaviones Liaoning, un portaaviones soviético clase Varyag comprado a medio construir y terminado por China, de 60 mil toneladas de desplazamiento y 40 aeronaves a bordo, al que se le podrá sumar en breve un nuevo portaaviones en construcción, que será mayor al Liaoning.

El Mar Oriental y el Mar Meridional son considerados por China como parte de su zona de seguridad, siendo el primero catalogado como A2/AD (Anti-access/ area denial: anti-acceso/denegación de zona). China necesita el control de la zona no para cerrar el comercio como predican algunos medios occidentales, sino precisamente para lo contrario, para garantizar que pueda seguir fluyendo el comercio por esas vías, de manera de mantener en funcionamiento el paso de buques que oxigenen su economía y su abastecimiento energético.

La instalación de los sistemas antimisiles estadounidenses THAAD (Terminal High Altitude Area Defense) en Corea del Sur, los más modernos con que cuenta el arsenal norteamericano, utilizando el pretexto de proteger al Estado coreano de su vecino del Norte,  en una evidente presión militar sobre China debido a que afecta a este país en su capacidad de defenderse con su sistema misilístico.

China, consciente de ello, ha desarrollado los misiles Dong Feng 21D que pueden hundir un portaaviones en un radio superior a los 1.500 km. Estos misiles pueden portar una ojiva nuclear de 300 kt, lo suficiente para acabar con el grupo de protección con que se mueven los portaaviones. Los analistas militares consideran que un ataque sobre una de las flotas que encabezan los portaaviones en la región, sería un costo demasiado alto para que EE.UU. pudiera soportar por las consecuencias internas, ya que significaría más de 10.000 bajas. La estrategia defensiva de Beijing se completa con la planificación de ciberataques, submarinos con misiles de crucero y los misiles antibuques referidos.
Esta es la respuesta china al programa Pacific Vision, donde el Pentágono elabora el concepto de batallas aire-mar con capacidad para atacar todos los centros del mando y control chinos a través de múltiples “operaciones quirúrgicas”.

Los cambios geopolíticos encuentran hoy a China aliada de Rusia, quien tiene interés en tener puertos de aguas cálidas en la costa del Pacífico, por un lado, y por el otro una coalición entre EE.UU., Corea del Sur y Japón. Esta última alianza presenta dudas en cuanto aún no se cerraron la heridas de la Segunda Guerra Mundial, cuando los japoneses invadieron a sus vecinos y cometieron  atrocidades que aún hoy esperan un arrepentimiento.

Periódicamente los Primeros Ministros de Japón rinden honores en el Santuario de Yasukuni, ubicado en Chiyoda, un barrio de Tokio, a cientos de militares japoneses considerados criminales de guerra, pese a los reclamos de sus vecinos.

Corea del Sur tiene reclamos pendientes por las acciones niponas durante la invasión colonial que produjo millones de víctimas que tuvieron que escapar, muchos fueron llevados a Japón donde se les cambió sus nombres coreanos por otros japoneses, miles de mujeres fueron esclavas sexuales de las tropas imperiales y el pueblo coreano fue obligado a olvidar sus tradiciones, incluyendo su idioma.

Con estos antecedentes la viabilidad de una alianza firme con EE.UU., que dicho sea de paso, produjo los dos únicos ataques registrados oficialmente con bombas nucleares en Hiroshima y Nagasaki, presenta sus dudas, más aún cuando EE.UU. viene perdiendo protagonismo internacional y su nuevo presidente habló de retirar tropas en Corea del Sur y retirarse militarmente de varias regiones, terminando con el intervencionismo que ha sido una constante de la política exterior de EE.UU. a lo largo de su historia. El avance económico de China, el volumen de comercio con estos dos países, las inversiones realizadas, el enorme mercado interno chino y la percepción de un cambio de balance geopolítico en la región alimentan las hipótesis de fragilidad de esta alianza.

La situación geopolítica en la región

La tensión entre China y EE.UU. ha ido aumentando en forma progresiva, Washington ha buscado establecer una alianza con un antiguo enemigo, Vietnam. Para ello la administración del presidente Obama se ha propuesto respaldar a Vietnam a través del fortalecimiento de sus capacidades militares.

Un primer paso en esa dirección lo dio Obama cuando recibió en la Casa Blanca al líder del Partido Comunista Vietnamita, Nguyen Phu Trong en el 2015. La economía no estuvo ausente, Obama cerró la venta a la aerolínea VietJet de 100 Boeing 737 Max 200, por 11.300 millones de dólares.

En mayo del 2016 EE.UU. finalmente levantó el embargo de armas que pesaba sobre Vietnam y normalizó la situación de las relaciones bilaterales.

China no se ha quedado quieta, ha maniobrado para no entregar a Vietnam a los brazos estadounidenses, acordando promover el desarrollo sano y estable de las relaciones entre ambos países. Vietnam tiene un juego doble de acercamiento a histórico enemigos como Japón, que le entrega 6 lanchas patrulleras usadas a 5 millones de dólares, pero es consciente que no puede desafiar a China permanentemente porque es un vecino poderoso no solo militarmente sino comercialmente y ese peso lo hace sentir en las relaciones con otros países de la región.

China encuentra obstáculos en Indonesia, cuya Fuerza Aérea ha llevado a cabo el mayor ejercicio militar de su historia en el mar de China Meridional para reafirmar sus derechos. El presidente Joko Widodo lanzó una campaña para impulsar pesca, exploración de petróleo y construcción de instalaciones de Defensa en una zona cercana a las islas Natuna.

Pero Filipinas no fue el único país, los miembros de la ASEAN, a pesar de los reclamos individuales de soberanía de algunas naciones, dependen en gran medida de la economía de China y acordaron en consecuencia:

  1. No enviar gente a las islas, arrecifes, atolones y otras zonas para evitar aumentar la tensión
  2. Respetar la libertad de navegación en el mar desairando a Washington que afirmaba que estaba amenazada.
  3. Resolver las disputas territoriales de manera pacífica y a través de negociaciones;
  4. Tener en cuenta la Convención de la ONU sobre el Derecho del Mar.

La política China de seducción ha alcanzado exitosamente ya a 60 países, que han anunciado su apoyo a los reclamos de Beijing. El anzuelo de pertenecer a la Organización de Cooperación de Shanghái hizo que el presidente paquistaní, Mamnoon Hussain, asegurara que su país apoya firmemente los principios y la posición de China en el asunto del Mar Meridional de China. Países tan lejanos como Sierra Leona y Kenia también se sumaron a los apoyos.

Filipinas es el primero de los involucrados directamente  que ha caído bajo la influencia China. Rodrigo Duterte ya antes de asumir la presidencia del país había expresado su deseo de dar carpetazo a la disputa territorial y fortalecer los lazos con China. Duterte señaló: “Le diría a China que no reclamase nada allí. Yo tampoco insistiré en que es nuestro. Simplemente lo dejaremos de lado, y si quisieran establecer un proyecto conjunto para extraer gas y petróleo, sería aceptable.”. Sus acciones como mandatario corroboraron esa política como ya hemos visto,  informando a EE.UU sobre la suspensión de los planes para las patrullar y realizar maniobras conjuntamente en aguas del Mar de la China Meridional, según afirmó el ministro de Defensa Delfin Lorenzana.

El caso de Japón

La situación del Mar de China no solo es por temas económicos, sino también geopolítico. Las autoridades chinas, no sin razón, acusan a EE.UU. de ser quien está detrás del aumento de la tensión en la región. No solo directamente sino por las acciones de sus aliados más firmes.

Japón,  ha tomado varias acciones que preocupan a China.  En su disputa con China por las islas Senkaku (Japón)/ Diayou  (China), permite bases militares de EE.UU. como la de Okinawa, que son fundamentales para mantener la presencia militar americana.

Japón también ha comenzado una serie de reformas para repotenciar sus fuerzas armadas, incluyendo la derogación constitucional de la prohibición de contar con fuerzas armadas con proyección al exterior y no solo defensa.

“Japón no es parte de la cuestión del mar de la China Meridional, y teniendo en cuenta su vergonzosa historia, no tiene ningún derecho a acusar a China en esta cuestión”, afirmó el portavoz de la cancillería china, Lu Kang.

Esta respuesta del Gobierno chino estuvo motivada por una declaración del canciller japonés, Fumio Kishida, que se comprometió a tratar el tema de la disputa territorial con su homólogo chino durante la reunión de diez miembros de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) que se celebró el 24 de julio en Laos.

El Gobierno de Shinzo Aba anunció el despliegue de sistema antimisiles en el archipiélago de Sakishima, en el sur del país, para reforzar la defensa de los territorios remotos en el mar de la China Meridional, informó el periódico Yomiuri Shimbun. El sistema japonés tiene un alcance de 300 km, alcanzando la zona de disputa de las islas Senkaku/ Diaoyu.

China anunció a través de su embajador en Japón, Cheng Yonghua, que las corbetas de las Fuerzas de Autodefensa de Japón no deben unirse a las maniobras militares estadounidenses en zonas que Beijing considera su territorio, una “línea roja” que motivará una severa respuesta china que incluye el uso de la fuerza militar.

La tensión en el Mar de China

China, consciente de la situación de tensión creciente que identifica como fogoneada por EE.UU., ha comenzado a tomar precauciones. Una de sus respuestas ha sido la construcción de instalaciones militares en los arrecifes Hughes, Johnson del Sur y Gaven, situados en las islas Spratly. Como ejemplo de la magnitud de los trabajos encarados por China, el arrecife Hughes creció entre el 1 de febrero del 2014 y el 25 enero del 2015 en  75.000 m2.

Ejército chino ha desplegado un sistema avanzado de misiles tierra-aire en la isla de Woody, que según las fotos satelitales podrían pertenecer al sistema antiaéreo HQ-9, similar al S-300 Rusia, con un radio de acción de 200 km.

China ha enviado también, en respuesta a los vuelos de bombarderos B-52 de EE.UU,  un bombardero nuclear H-6K a las aguas en disputa en el Mar Meridional.

En materia de infraestructura, científicos chinos desarrollaron un reactor nuclear portátil que podría ser instalado en las islas del mar del Sur de China según informa el periódico South China Morning Post. Se trata de un reactor de neutrones rápidos portátil, que cabe en un contenedor de 6,1 x 2,6 metros que genera una potencia de10 MW, suficiente para abastecer de energía eléctrica a 50.000 hogares.

Entre los diferentes actores aparecen algunos impensados como lo es Australia, que planea patrullas conjuntas con Indonesia en el mar de China Meridional, según dijo la Ministra de Exteriores, Julie Bishop, quien acordó esas acciones con el ministro de Defensa indonesio, Ryamizard Ryacudu durante una reunión bilateral la semana pasada en Bali. “Acordamos explorar las opciones para incrementar la cooperación marítima, lo que por supuesto incluye coordinar actividades en el mar de China Meridional y el mar Sulu”, dijo Bishop a una emisora local ABC.

El Reino Unido también ha decidido presentarse en la zona.  El embajador británico en Estados Unidos, Kim Darroch, según la agencia de noticias británica Reuters, afirmó ante un grupo de expertos en Washington que los cazas Typhoon del Reino Unido, desplegados actualmente en Japón, sobrevolarán la región, y agregó que los portaaviones de la clase Queen Elizabeth también participarán en las operaciones de las Fuerzas Aéreas británicas (RAF), al menos hasta el 2020.

China tiene sobradas razones para actuar así, los movimientos de presión de EE.UU. y sus aliados son constantes. Vietnam anunció que los destructores JS Ariake y JS Setogiri de la Marina japonesa, estuvieron en  la base naval vietnamita de Cam Ranh Bay, en el mar de la China Meridional, para realizar ejercicios navales.

En mayo del 2016 EE.UU. envió el destructor de misiles guiados USS William P. Lawrence, lo que fue respondido con el envío de tres aviones de combate y tres barcos militares chinos con la misión de escolta del buque estadounidense.

En el mismo mes dos aviones de combate chinos J-11 se acercaron a un avión estadounidense EP-3, la gravedad del asunto fue tal que el capitán Jeff Davis, portavoz del Pentágono, denunció los aviones se acercaron a menos de 15 metros del avión americano.

Vietnam y Corea del Sur anunciaron que están estudiando la compra de aviones de vigilancia marítima renovados P-3 y S-3 del Lockheed Martin.

El portaaviones USS John C. Stennis de 100.000 toneladas con decenas de cazas polivalentes F-18 a bordo, se sumó a una flotilla de 9 buques de guerra, entre ellos el portahelicópteros japonés Izumo frente a una cadena de islas de Okinawa, en el sur del Japón, algo que fue considerado por China como una amenaza al desviar  de su ruta a un navío chino que navegaba cerca de la zona de maniobras de un ejercicio naval entre India, Japón y EE.UU.

Posteriormente el Pentágono despachó cinco aviones A10 Thunderbol, tres helicópteros de búsqueda y rescate HH-60G Pave Hawk, a la Base Aérea Clark en Filipinas.

Ashton Carter, Secretario  de Defensa estadounidense, expresó: “Estados Unidos seguirá siendo la principal y más poderosa fuerza militar y de seguridad en la región durante las próximas décadas y no debe haber ninguna duda sobre eso.” “Si China decidiera continuar y reclamar otras partes del Mar del Sur de China en disputa, habrá consecuencias”, dijo Carter.

También señaló que las actividades militares chinas en la zona pueden llevar a su “auto-aislamiento”, y que de seguir con la construcción de nuevos islotes provocaría “acciones”, aunque sin especificar de qué tipo, de los EE.UU. y otras naciones.

China respondió a través de su Ministerio de Asuntos Exteriores de China, expresando en un comunicado que “países ajenos a la región deben abstenerse de incitaciones y de no hacer comentarios desconsiderados sobre cuestiones de soberanía territorial”.
El almirante chino Sun Jianguo aseguró que el tema regional está “recalentado” por la injerencia de EE.UU. en un asunto que no les compete y añadió que “nosotros no generamos problemas, pero tampoco le tenemos miedo a los problemas”.

Rusia es un aliado cada vez más decisivo de China. Con respecto a la situación generada expresó la portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova, que Rusia no quiere involucrarse en las disputas territoriales en el mar de la China Meridional ni tomar parte en ellas, no se dejará involucrar. Rusia intenta posicionarse como una tercera parte amigable que pueda mediar entre los distintos actores regionales, aprovechando las buenas relaciones históricas con Vietnam y las actuales con China.
Las posibilidades de un enfrentamiento son altas, afirmó el periodista experto en temas militares Jonathan Broder, que resumió la situación de la siguiente manera: “la historia está llena de guerras que parecían no tener ningún sentido”. “Por un lado, la disputa es territorial: Pekín insiste en que ese mar, con sus islas y recursos naturales, históricamente ha pertenecido y pertenece a China. EE.UU., por su parte, afirma que esas son aguas internacionales, al menos hasta que se solucionen los conflictos entre los países que las reclaman.” “EEUU alega que solo la Marina de EEUU puede ser responsable de garantizar la libertad de navegación en esas aguas, las cuales incluyen alguna de las rutas de navegación más importantes del mundo”

“En una época en que la economía de China va en frenada, Xi Jinping está siendo presionado en casa para que encuentre otras formas de demostrar los avances de China bajo su mando. Retomar el control de Pekín sobre el mar de la China Meridional, tras un siglo de dominación extranjera, es lo que necesita”. Esa misma presión también la sufrirá Donald Trump, quien llegó al poder para “hacer grande América otra vez” y no puede retirarse humillado.

La presidenta de Taiwán, Tsai Ing-wen, ha decidido sumarse al conflicto y envió una de sus fragatas a patrullar las aguas en disputa del mar de la China Meridional para demostrar la determinación de su Gobierno a la hora de defender su interés nacional, informa Bloomberg.

La tensión se refleja en una guerra de declaraciones que son acciones psicológicas. El ministro de Defensa chino declaró que el pueblo de su país se debe preparar para una “guerra popular en el mar”, advirtiendo que la amenaza viene del Pacífico, “Los militares, la policía y el pueblo deben prepararse para una movilización con el fin de defender la soberanía y la integridad territorial del país”, exhortó el ministro  Chang Wanquan durante una inspección de las obras que el Ejército chino cumple en las costas de la provincia de Zhejiang.

¿Qué esperar?

La planificación de EE.UU. para cortar el crecimiento chino que compromete seriamente el liderazgo hegemónico de este país y los propios planes del sector globalista que gobernó al país hasta hace poco, parecen naufragar. El derrumbe del TPP, la estrategia económica diseñada para contener a China, alienta las preguntas de desconfianza hacia los americanos acerca de quién va a ser la fuerza dominante en la región en las próximas décadas.

La política de China de combinar la fuerza militar con las presiones económicas y diplomáticas están empezando a dar resultados. El cambio de 180 grados de Filipinas, la aproximación de Malasia, una Indonesia que tiene su economía en manos de una minoría china y negocios crecientes con ese país, parecen inclinar la balanza hacia sus iniciativas.

Los apoyos regionales de EE.UU. están en problemas, un desgastado Japón que se debate desde hace décadas en una economía estancada, una paralizada Corea del Sur por el escándalo en que está atrapada: la destitución de Park Geun-hye, su presidenta y la situación con Corea del Norte, no parecen ser suficientes para poder trazar ese cerco sanitario alrededor de China que se planteó EE.UU. como objetivo hace años.

El grupo aeronaval, incluyendo el portaaviones USS Carl Vinson de la clase Nimitz, acompañado por destructores, comenzó operaciones rutinarias en el mar de la China Meridional el 18 de febrero”, dice un comunicado publicado en la página web de la Marina de Guerra estadounidense.

El actual Secretario de Estado de EE.UU., Rex Tillerson, antes de asumir el cargo, dijo que Washington debe enviar una “clara señal” a Beijing sobre la inadmisibilidad de sus acciones en las islas disputadas en el mar de la China Meridional. El envío de un grupo de batalla encabezado por el portaaviones USS Carl Vinson de la clase Nimitz, parece una primera respuesta militar, luego de la llamada desacertada a la presidenta de Taiwán que trajo mucho malestar en China y una posterior ratificación que huele a contramarcha con la aceptación de la política de una sola China.

¿Una táctica agresiva de golpear primero para negociar después que viene del mundo de los negocios familiar para Trump o una falta de conocimiento de las implicancias profundas en materia internacional que tiene las acciones no meditadas? La política con respecto a China parece errática, habrá que esperar con el paso del tiempo mayores precisiones.

Trump hoy está atrapado en una lucha interna por sobrevivir ante la presión de la corriente globalista conformada en el área política por los demócratas y una buena parte de los republicanos, apoyados en una ofensiva brutal de los medios de comunicación que buscan su dimisión temprana.

Las condiciones de estabilidad interna, algo poco frecuente, en EE.UU. no parecen las adecuadas para enfrentar a una China que tiene un poder de gobierno sólido y centralizado, una economía que sigue en marcha ante la debilidad generalizada de las potencias y una diplomacia que ata cabos lenta pero constantemente.

El desenlace a mediano plazo es inexorable si nadie patea el tablero, las posibilidades de que China se imponga son importantes. El riesgo mencionado, patear el tablero, significaría que Trump sea conducido a un enfrentamiento con China, una opción para sus enemigos internos. En esa situación de conflicto se desgastaría EE.UU., se desgastaría China y se demostraría lo peligroso que son los nacionalismos emergentes que luchan contra la globalización. Si todo se da dentro de determinados parámetros, es decir, una confrontación no nuclear a gran escala, los ganadores son los partidarios de un Estado global que emergerían como la única forma de impedir este tipo de aventuras belicistas.

Dentro de los escenarios posibles de desestabilización mundial encontramos el Mar de China, Siria, Ucrania, India-Pakistán, Europa Oriental y el avance de la OTAN. La guerra Siria parece encaminada hacia la derrota del yihadismo, hoy aislado con Trump, India y Pakistán tienen crecientes intereses económicos y amigos en común que buscan bajar las tensiones militares, Europa Oriental y Ucrania significa a confrontación directa con Rusia, una nación que parece imposible de derrotar en el terreno militar debido a su extraordinaria capacidad nuclear. El Mar de China, entonces, puede ser la alternativa para desestabilizar a Trump y de paso, al multipolarismo.

Un avión militar chino KJ-200, se acercó a 300 metros de un P3-C Orion estadounidense en las proximidades del arrecife de Scarborough, cuya soberanía es disputada entre Filipinas y China. Será difícil para Trump mantenerse fuera de este juego si no toma la decisión de retirarse de la región, sus enemigos internos están prestos a ocasionar un incidentes, pero internamente debe mostrarse como un líder fuerte y resoluto.

Es sabido que Trump tiene problemas para controlar los sectores de inteligencia de la CIA y otras organizaciones de la inteligencia estadounidense. Trump ya tuvo su primer incidente militar, pero no será el último seguramente.

 

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