China y el Mundo Multipolar

La pasada reunión del G20 trajo nuevamente a la luz el enfrentamiento que existe entre el modelo globalista que hoy se refugia en la Unión Europea y el proyecto nacionalista-proteccionista que tiene como cara visible a Trump. Ante estos dos proyectos se erige una tercera propuesta multipolar que encabezan Rusia y China, que suma a modelos como el Brics y la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS). La actuación de China en la propuesta es clave para las posibilidades de consolidación de este modelo.

Por Marcelo Ramírez

 

Luego de la declaración de Xi Xiping en el Foro Económico Mundial de Davos en enero del 2017, la confusión invadió  a muchos analistas. China defiende las políticas de libre mercado y ocupará el lugar de EEUU que se retrae sobre si mismo, fueron la mayoría de las conclusiones. ¿China entonces es el enemigo que toma la posta globalizadora?

En realidad este país sabe que tiene una ventaja comparativa con EEUU y busca aprovecharla, sus sistemas de producción son mas vitales y el ahorro chino está permitiendo que sus corporaciones, otrora un punto débil en el mundo actual, comiencen a disputarle el terreno palmo a palmo a las occidentales.

China se enfrenta decididamente a Trump porque sus políticas son contradictorias y porque sabe que EEUU ya la ha identificado como el rival estratégico a vencer. Si bien Rusia es un enorme desafío dado su potencial militar, la magnitud de la economía rusa no le permite sostener en el tiempo una confrontación con un EEUU que controla la Unión Europea y necesitaría que Alemania rompa su alianza con él o que se establezca un eje Moscú-Berlín para poder tener otro volumen como jugador global. Esta opción es solo un deseo por el momento, Alemania puede distanciarse de Trump pero nada indica hasta ahora que lo haga de EEUU globalista, por lo tanto no es una opción real para Rusia hoy.

China en cambio tiene una magnitud comercial y demográfica que le permite construir en un plazo de no más de diez años un poder militar que iguale a EEUU y sus aliados. También tiene dos características a tener en cuenta, en primer lugar necesita sobrevivir hasta entonces y allí aparece la alianza con Rusia que le da la seguridad militar indispensable para sostener la presión creciente de EEUU en ese terreno.

El Imperio del Medio tiene una historia milenaria que demuestra que su ambición y comportamiento en el mundo se centran en ser una potencia comercial. Nunca ha realizado una política colonial como lo han hecho las diferentes culturas europeas y su hijo natural, EEUU.

El Imperio chino no ha realizado a lo largo de la historia incursiones militares más allá de sus áreas de influencia en el Lejano Oriente. Su poder se basa en el softpower, en la firmeza de una cultura  ancestral que la lleva a mirar con cierto desdén los esfuerzos de EEUU de occidentalizar su sociedad colocando una bomba de tiempo que haga estallar en pedazos a China. Algo de eso vimos con los sucesos de Tiananmén, cuando cientos miles de estudiantes e intelectuales se levantaron contra el gobierno del Partido Comunista de China (PCch).

Los cambios en la URSS que implementaba Gorbachov con sus iniciativas de transparencia política conocido como Glasnost y su programa de reformas económicas denominado Perestroika, impulsados por la inteligencia occidental, hicieron creer que China estaba en la misma situación que la URSS y que solo bastaba un empujón para la caída final.  La respuesta del PCch fue con mano de hierro, aplastando la rebelión. En la misma sintonía, Occidente premió al escritor disidente Liu Xiabo otorgándole el Premio Nobel de Literatura en el 2010, en una claro gesto de provocación. Éste era un referente de un grupo de intelectuales nucleados en lo que se conocía como la Carta 08, en la que promovían una serie de reformas políticas y económicas con la misma orientación que luego se realizaría en la Rusia de Yeltsin donde la política neoliberal, las privatizaciones masivas y hasta la fractura del territorio eran las metas planeadas. China detuvo al escritor y el mundo se dividió entre los países que apoyaron la entrega (EEUU, los países de Europa Occidental, los aliados históricos como Canadá y Australia, Sudáfrica e India, más cuatro países latinoamericanos: Brasil, Argentina, Chile y Colombia) y aquellos que los boicotearon (países de Europa Oriental, árabes, Cuba y Venezuela, entre otros). China dio muestras de no querer ceder fácilmente a las presiones, que no dudará en tomar las medidas necesarias para garantizar la integridad territorial y la continuidad política. El país asiático cree que la firmeza de sus tradiciones le permitirá sobrevivir al enemigo interno que EEUU junto a sus aliados ya han agitado y que volverán a agitar para lograr la implosión de su nación.

¿Qué puntos de coincidencia tiene entonces con Rusia como para resistir los planes de algunos sectores de EEUU de seducir a uno de los dos, romper la alianza y luego volverse contra el otro? Las economías son complementarias, China necesita materias primas, energía y tecnología militar avanzada, Rusia lo tiene para ofrecer a cambio del apoyo financiero para desarrollar su país.

A diferencia de China, Rusia tiene un marco de alianzas con países del Medio Oriente y Asia Central, además puede ser un mediador con India dada la amistad histórica entre ambos países. La OCS es un modelo de unidad que debe ser observado con detenimiento debido a su potencialidad.

A estas razones debemos sumarle que el enfrentamiento ruso con occidente es mucho más que económico. Rusia acepta como válidas las teorías de Mackinder y Spykman sobre el enfrentamiento de los poderes telurocráticos, aquellas naciones que han basado su poder en la tierra que han dado origen durante la historia a los Imperios continentales como lo han sido el ruso, el chino, el romano o el mongol y los talasocráticos, que se corresponden con los mares como el fenicio, el español, el francés, el portugués y el británico. Esta perspectiva ha marcado la política de EEUU durante la segunda parte del siglo XX y XXI. El enfrentamiento es entre el mundo anglosajón  o atlantista y el imperio telurocrático eslavo, siendo de orden civilizatorio y con el ascenso al poder del globalismo, solo se ha agravado. Dentro de esa visión, Rusia cree que las relaciones con India y China han sido estables a lo largo de la historia, con pocas excepciones como algunas escaramuzas fronterizas y que permitirán construir un núcleo duro de resistencia. No es casualidad entonces que todos sus aliados compartan la misma característica continental.

Esa base civilizatoria entre las tres grandes civilizaciones vigentes hoy en día se ve plasmada en un nuevo modelo geopolítico impulsado desde actores muy cercanos a Putin, que ven como la única salida posible a la agresión talasocrática anglosajona, ya sea como un modelo hegemónico unipolar o globalizador dominado por éstos, la construcción de un modelo multipolar basado en grandes regiones o ecúmenes que puedan enfrentar los desafíos ante la imposibilidad en que lo haga una nación por separado.

Así las cosas, la alianza sino-rusa se da como natural ante la agresión occidental no sólo económica y militar sino también cultural. Rusia y China rechazan la visión unilateral occidental de los derechos humanos y los llamados de segunda generación como una forma de degradar, dividir y disociar de sus raíces sus propios valores populares. Las medidas de Putin cerrando ONGs occidentales y la negativa de China de permitir que se instalen las empresas de comunicación especializadas  en redes sociales debe leerse en esa clave: proteger a su población de la destrucción de sus valores tradicionales, el Caballo de Troya que llevará a la destrucción de sus naciones.

En ambos países la propuesta globalizadora ha alcanzado proporciones alarmantes para sus estándares, la oligarquía rusa nacida a la luz de las reformas postsoviéticas, generaron una élite pro occidental contra la que Putin lucha denodadamente. La construcción entonces de un modelo multipolar necesita de una alianza sino-rusa pero también debe sumar al mundo islámico a través de Irán, el mundo católico influyente en Latinoamérica por medio del Papa Francisco y algunos sectores europeos, aunque en retroceso. El Sudeste Asiático donde la presencia económica china es creciente con sus 600 millones de habitantes nucleados en la ASEAN es también muy importante, lo mismo sucede con África, continente en el cual China está rápidamente desplazando a las potencias occidentales y a la India, un país continente fundamental en cualquier estrategia geopolítica.

Las relaciones entre los dos gigantes de Asia son zigzagueantes, pasando de tener un comercio bilateral creciente e importante (su intercambio creció entre 2001-2002 de 1.000  a 48.430 millones de dólares en 2014-2015, aproximándose a los 100.000 millones en al actualidad) que han hecho que entre ambas naciones se haya establecido una asociación estratégica. Sin embargo aún hay nubarrones en el horizonte, los enfrentamientos aislados y la tensión militar por los territorios como Aksai Chin, disputado por India, China y Pakistán y Arunachal Pradesh, reclamado por China e India. La primera reclama el control sobre este territorio porque lo considera parte de la región autónoma del Tíbet y es el punto más difícil de solucionar dados los intereses cruzados que actúan sobre ese punto.

Siendo ambos, China e India, parte de la Organización de Cooperación de Shanghái, es clave para el éxito del modelo multipolar la resolución de estos conflictos fronterizos, en los cuales juegan también EEUU y el Reino Unido buscando desestabilizar la zona.

China hoy se pone a la cabeza de un modelo multipolar que difiere del globalizador, busca Estados fuertes agrupados en regiones con los cuales crear una nueva arquitectura internacional que reconozca los cambios producidos en las últimas décadas, dándole el papel que les corresponde por su importancia y donde se revaliden las culturas tradicionales. Esta propuesta choca de frente con la antigua estructura surgida de los acuerdos de Bretton Woods, donde se cristalizaba un modelo donde los países occidentales encabezados por EEUU impondrían sus reglas comerciales. En julio de 1944, en Bretton Woods, un complejo hotelero en New Hampshire, EEUU,  los países que luego vencerían en la Segunda Guerra Mundial establecieron las bases del librecambismo que sucedería a la etapa proteccionista anterior y serviría para que se instituyan el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Los países socialistas estuvieron presentes en la Conferencia pero se abstuvieron de ratificar los acuerdos.

El modelo globalizador comienza a erigirse con la ruptura del patrón oro que regía al dólar en 1979 durante el gobierno de Richard Nixon y el petrodólar que sería su sucesor poco tiempo después, permitiría ganancias extraordinarias que darían comienzo a un período de acumulación financiera que se consolidaría con la derogación de la ley Glass Steagall que permitió la unión de la banca financiera y comercial.

Hoy el globalismo propone un paso más allá de los acuerdos de Bretton Woods, necesitando las manos libres de reglas que le impidan aumentar el negocio. Los Estados débiles son blancos fáciles para las políticas que proponen las megacorporaciones, por ello es necesaria la atomización de los mismos fomentando las divisiones internas y el establecimiento de una cultura global que termine con las tradiciones locales.